La mañana 8 de octubre de 2025, durante la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV compartió su décima reflexión del ciclo catequístico en el contexto del Santo Jubileo. En esta catequesis, el Papa abordó la humildad de Jesús al presentarse ante sus discípulos de manera discreta y accesible, resaltando que nada puede separarnos del amor de Dios, incluso en tiempos de confusión, el Papa afirmó que nada nos arrebatará la esperanza ni la alegría de encontrarnos con Cristo vivo..
Su comentario se centró en cómo el Resucitado se manifiesta no con signos espectaculares, sino de una forma cotidiana y cercana. Al compartir pan con los discípulos, Jesús reafirma que nuestros cuerpos y relaciones son dignos y destinados a la plenitud. La Resurrección transforma lo ordinario en un espacio de gracia, donde cada gesto cotidiano participa en el Reino de Dios.


Sin embargo, el Papa advirtió sobre el obstáculo que representa la creencia de que la alegría debe ser libre de sufrimiento. Especialmente, destacó el camino de los discípulos de Emaús, quienes, a pesar de conocer la resurrección, cargaban con una tristeza. A través de su presencia, Jesús les mostró que el dolor no anula la esperanza. Al partir el pan, sus ojos se abrieron y comprendieron que la fe y la alegría pueden coexistir.
El resucitado, según León XIV, se encuentra especialmente en nuestras dificultades y soledades, demandando que nos dejemos tocar por su amor. La catequesis concluye con una invitación a reconocer su presencia discreta, recordando que, aun en medio de la decepción, la alegría del Resucitado arde vivamente en nuestros corazones, iluminando nuestras heridas y renovando nuestra esperanza.

Síntesis  en español de la Catequesis pronunciada por el Santo Padre:
Queridos hermanos y hermanas:
En esta catequesis contemplamos un rasgo sorprendente del misterio de la Resurrección de Cristo, la humildad. El Señor resucitado no se manifiesta de manera espectacular, no irrumpe forzando la fe de los discípulos, al contrario, se acerca con discreción: mientras María Magdalena lo confunde con el jardinero, los discípulos de Emaús creían que era un forastero. De este modo, Jesús resucitado tiene gestos tan ordinarios como comer con sus discípulos un trozo de pescado. 
Jesús, con su Resurrección, nos enseña, además, que ninguna caída es definitiva. Si bien la historia humana está herida por la desilusión y el pecado, por este misterio de amor tenemos la esperanza de que no existe nada, ni siquiera la muerte, que pueda separarnos del amor de Dios. A veces pensamos que Él está con nosotros sólo cuando las cosas van bien, sin embargo, nos acompaña también en los momentos más oscuros.

Saludos de Santo Padre.
 “Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a pedir la gracia de reconocer la presencia humilde y discreta de Dios en todos los momentos de nuestra vida, especialmente en los más difíciles. Que no haya nada que pueda arrebatarnos la alegría de experimentar a Cristo vivo. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.”

Catequesis general - La Pascua de Jesús. 10. Volver a encender. ‘¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’ (Lc 24, 32).

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy quisiera invitaros a reflexionar sobre un aspecto sorprendente de la resurrección de Cristo: su humildad. Si recordamos los relatos evangélicos, nos damos cuenta de que el Señor resucitado no hace nada espectacular para imponerse a la fe de sus discípulos. No aparece rodeado de huestes de ángeles, no hace gestos sensacionales, no pronuncia discursos solemnes para revelar los secretos del universo. Al contrario, se acerca discretamente, como un viandante cualquiera, como un hombre hambriento que pide compartir un poco de pan (Cfr. Lc 24,15.41).
María de Magdala lo confunde con un jardinero (Cfr. Jn 20,15). Los discípulos de Emaús creen que es un forastero (Cfr. Lc 24,18). Pedro y los demás pescadores creen que es un simple transeúnte (Cfr. Jn 21,4). Habríamos esperado efectos especiales, signos de poder, pruebas abrumadoras. Pero el Señor no busca eso: prefiere el lenguaje de la proximidad, de la normalidad, de la mesa compartida.”


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Hermanos y hermanas, en esto hay un mensaje precioso: la Resurrección no es un giro teatral, es una transformación silenciosa que llena de sentido cada gesto humano. Jesús resucitado come una porción de pescado delante de sus discípulos: no es un detalle marginal, es la confirmación de que nuestro cuerpo, nuestra historia, nuestras relaciones no son un envoltorio para tirar. Están destinados a la plenitud de la vida. Resucitar no significa convertirse en espíritus evanescentes, sino entrar en una comunión más profunda con Dios y con nuestros hermanos, en una humanidad transfigurada por el amor.
En la Pascua de Cristo, todo puede convertirse en gracia. Incluso las cosas más ordinarias: comer, trabajar, esperar, cuidar de la casa, apoyar a un amigo. La Resurrección no resta vida al tiempo y al esfuerzo, sino que cambia su sentido y su "sabor". Cada gesto realizado en gratitud y comunión anticipa el Reino de Dios.
 Sin embargo, hay un obstáculo que a menudo nos impide reconocer esta presencia de Cristo en lo cotidiano: la pretensión de que la alegría debe ser sin heridas. Los discípulos de Emaús caminaban tristes porque esperaban otro final, un Mesías que no conociera la cruz. A pesar de haber oído que la tumba está vacía, son incapaces de sonreír. Pero Jesús está a su lado y, con paciencia, les ayuda a comprender que el dolor no es la negación de la promesa, sino el modo en que Dios ha manifestado la medida de su amor (Cfr. Lc 24, 13-27).
Cuando por fin se sientan a la mesa con Él y parten el pan, se les abren los ojos. Y se dan cuenta de que su corazón ya ardía, aunque no lo sabían (Cfr. Lc 24, 28-32). Esta es la mayor sorpresa: descubrir que bajo las cenizas del desencanto y del cansancio siempre hay un rescoldo vivo, a la espera de ser reavivado.
Hermanos y hermanas, la resurrección de Cristo nos enseña que no hay historia tan marcada por el desengaño o el pecado que no pueda ser visitada por la esperanza. Ninguna caída es definitiva, ninguna noche es eterna, ninguna herida está destinada a permanecer abierta para siempre. Por distantes, perdidos o indignos que nos sintamos, no hay distancia que pueda apagar la fuerza infalible del amor de Dios.
A veces pensamos que el Señor sólo viene a visitarnos en momentos de recogimiento o de fervor espiritual, cuando nos sentimos con fuerzas, cuando nuestra vida parece ordenada y luminosa. En cambio, el Resucitado se acerca en los lugares más oscuros: en nuestros fracasos, en las relaciones desgastadas, en los trabajos cotidianos que pesan sobre nuestros hombros, en las dudas que nos desaniman. Nada de lo que somos, ningún fragmento de nuestra existencia le es ajeno.
Hoy, el Señor resucitado viene junto a cada uno de nosotros, tal como recorremos nuestros caminos -los del trabajo y el compromiso, pero también los del sufrimiento y la soledad- y con infinita delicadeza nos pide que nos dejemos calentar el corazón. No se impone con clamores, no exige ser reconocido inmediatamente. Con paciencia espera el momento en que nuestros ojos se abran para ver su rostro amigo, capaz de transformar la decepción en confiada espera, la tristeza en gratitud, la resignación en esperanza.
El Resucitado sólo desea manifestar su presencia, hacerse nuestro compañero de camino y encender en nosotros la certeza de que su vida es más fuerte que cualquier muerte. Pidamos, pues, la gracia de reconocer su presencia humilde y discreta, de no esperar una vida sin pruebas, de descubrir que todo dolor, si es habitado por el amor, puede convertirse en lugar de comunión.
Y así, como los discípulos de Emaús, también nosotros volvemos a nuestras casas con un corazón que arde de alegría. Una alegría sencilla, que no borra las heridas, sino que las ilumina. Una alegría que nace de la certeza de que el Señor está vivo, que camina con nosotros y nos da en cada momento la posibilidad de recomenzar.” 

(Fuentes: OPSS, Vatican News,  Vatican Media y Dicasterio para la Comunicación)

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