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Jornada Espiritual con motivo de los 125 años de la presencia salesiana en México PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. M. Becerra C. sdb   
Miércoles, 25 de Octubre de 2017 16:08

El pasado sábado 21 de octubre,  en la Ciudad de Querétaro, en el Instituto Salesiano Marciano Tinajero y Estrada, se llevó a cabo la Jornada Espiritual con motivo de la Celebración de los 125 años de la presencia del Carisma Salesiano en México.

Personal docente y administrativo,  laicos y salesianos religiosos de los colegios Instituto Don Bosco de Huichapan, Hidalgo, del Instituto Antonio de Mendoza de Morelia,  y del colegio anfitrión,  al punto de las diez de la mañana  convergieron en el  momento festivo a través de  juegos, bailes y técnicas que favorecieron la integración de todos los participantes,  motivando la alegría por conocerse y/o reencontrarse.

El evento continuó con la dos conferencias, en la  primera se dio a conocer  la historia del laico Edith Borrel,  quien  al lado de otros seis laicos más,  instituyeron el primer grupo de cooperadores salesianos, mismo que presidió Don Ángel Lascurain, este último fue quien recibió a los salesianos  religiosos llegados de Italia, quienes fueron  enviados por el P. Miguel Rúa.

Imágenes de la Jornada Espiritual

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La segunda conferencia  trató sobre la misión que comparten los salesianos laicos y salesianos religiosos,  al recibir de San Juan Bosco la encomienda de educar y evangelizar a la juventud. Fue un coloquio que además de interesar el corazón de los presentes,  permitió conocer a través de una línea del tiempo la presencia de los salesianos en Morelia, Michoacán.  Con el buen ánimo y alegría del profesor Pedro Brambila,   la asamblea pudo distinguir   que el reto actual  es trabajar unidos, mano a mano,  laicos y religiosos.

Para concluir el encuentro, el P. Gustavo de la Mora Director del Colegio de Morelia, presidió la Eucaristía, momento culmen del día, en ésta,  la Palabra de Dios y la homilía dieron paso a la reflexión del llamado que Dios hace a sus hijos e hijas para ser educadores, para ser formadores de los niños y jóvenes, quienes viviendo y testimoniando el carisma salesiano, les ayuden a salvarse al  ser verdaderos signos del amor de Dios. Con la bendición de Dios y después de compartir los alimentos, cada una de las delegaciones retornaron a su lugar de procedencia.

 
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