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Papa Francisco: Reflexión durante el rezo del Ángelus del 24 de diciembre de 2017. PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Lunes, 25 de Diciembre de 2017 10:41

Video Vatican News

24 de diciembre de 2017, Vaticano: El Santo Padre en el día antes de la Fiesta de la Navidad hizo referencia a la persona de la Virgen María, quien –explicó el Papa- mostró disponibilidad, servicial, modesta ya abierta a colaborar en el proyecto del Señor.(Fuentes: Vaticano y Vatican News)

Palabras del Santo Padre antes del rezo del Ángelus

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este domingo que precede inmediatamente a la Navidad, escuchemos el Evangelio de la Anunciación (véase Lc 1, 26-38).

En este pasaje del Evangelio podemos ver un contraste entre las promesas del ángel y la respuesta de María. Este contraste se manifiesta en la dimensión y el contenido de las expresiones de los dos protagonistas. El ángel le dice a María: "María, no temas, porque has hallado gracia ante Dios. Y he aquí que concebirás un hijo, al que darás a luz y lo llamarás Jesús. Él será grande y se llamará Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará por siempre sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin "(versículos 30-33). Es una grande revelación, que abre perspectivas inauditas. El niño que nacerá de esta humilde muchacha de Nazaret será llamado el Hijo del Altísimo: no es posible concebir una dignidad más alta que esta. Y después de la pregunta de María, con la que pide explicaciones, la revelación del ángel se vuelve aún más detallada y sorprendente.

En cambio, la respuesta de María es una frase corta, que no habla de gloria, no habla de privilegio, sino solo de disponibilidad y servicio: "He aquí la sierva del Señor: hágase en mí según tu palabra" (v. 38). El contenido también es diferente. María no se exalta ante la perspectiva de convertirse en la madre del Mesías, más se mantiene modesta y expresa su adhesión al plan del Señor. María no se jacta, es humilde, modesta. Permanece como siempre.

Este contraste es significativo. Nos hace entender que María es muy humilde y no intenta presumir. Reconoce que es pequeña ante Dios, y está feliz de ser así. Al mismo tiempo, ella es consciente de que de su respuesta depende de la realización del Proyecto de Dios, y por lo tanto, está llamada a adherirse a él con todo su ser.

En esta circunstancia, María aparece con una actitud que encaja perfectamente con la del Hijo de Dios cuando está en el mundo: quiere convertirse en el Siervo del Señor, estar al servicio de la humanidad para cumplir con el proyecto del Padre. María dice: "He aquí la sierva del Señor"; y el Hijo de Dios, al venir en el mundo, dice: "He aquí, vengo a [...] hacer, oh Dios, tu voluntad" (Hebreos 10,7.9). La actitud de María refleja plenamente esta declaración del Hijo de Dios, que también se convierte en hijo de María. Así la Virgen se revela colaboradora perfecta del proyecto de Dios, y también se revela discípula de su Hijo, y en el Magníficat puede proclamar que "Dios ha exaltado a los humildes" (Lc 1,52), porque con esta su respuesta humilde y generosa ha obtenido una alegría grandísima y también una gloria excelsa.

Mientras admiramos a nuestra Madre por esta su respuesta al llamado y la misión de Dios, le pedimos que nos ayude a cada uno de nosotros a acoger el proyecto de Dios en nuestras vidas, con sincera humildad y valiente generosidad.”

Palabras del Papa después de la Ángelus

 

“Queridos hermanos y hermanas:

En la espera orante del nacimiento de Jesús, el Príncipe de la Paz, invoquemos el regalo de la paz para todo el mundo, especialmente para las poblaciones que más sufren los conflictos actuales. Renuevo en particular mi llamamiento para que, con motivo de la Santa Navidad, -para que - las personas secuestradas (sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos) sean liberados y puedan regresar a sus hogares. Oremos por ellos

También deseo asegurar mis oraciones por la población de la isla de Mindanao, en Filipinas, golpeada por una tormenta que ha causado numerosas víctimas y destrucción. Dios Misericordioso acoja las almas de los difuntos y conforte a cuantos sufren de esta calamidad. Oremos por esta gente.

Saludo con afecto a todos ustedes, fieles romanos y peregrinos venidos de diversos países, familias, grupos parroquiales, asociaciones.

En estas horas que nos separan de la Navidad, mi recomendación: encontrar algo de tiempo para permanecer en el silencio y en la oración ante el pesebre, para adorar en el corazón el misterio de la verdadera Navidad, la de Jesús, que viene a nosotros con amor, humildad y ternura.

Y, en esos momentos, recuerden también orar por mí . ¡Gracias! ¡Buen domingo y buen almuerzo! ¡Adiós!”

 
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