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El Papa Francisco se encuentra en Ejercicios Espirituales junto con los miembros de Curia Romana PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Miércoles, 21 de Febrero de 2018 13:04

El Papa Francisco y los miembros de la Curia Romana, iniciaron el pasado domingo 18 de febrero los Ejercicios Espirituales Cuaresmales en la Casa “Divino Maestro” de Ariccia, localidad romana, el predicador es el P. José Tolentino de Mendonça originario de Portugal. Presentamos parte de la Sexta y Séptima meditación de estos ejercicios (Fuentes: Vatican News).

El Padre José en la sexta meditación de los ejercicios desarrolló el tema: “Las lágrimas narran una sed”

“El Evangelio de Lucas es aquel que mayormente custodia la memoria de las mujeres… ¡Cuántas mujeres! Esta lista femenina de figuras que atraviesan el Evangelio podría naturalmente ser observada de manera diversa, pero una cosa es cierta, no podemos ignorarla”(…)

“Las mujeres del Evangelio se expresan preferiblemente con gestos. Su fe busca la consolación de ser tocada (sensible, emotiva, abierta), en vez que la abstracción. Se empeñan en el servicio escondido, donde el bien del otro es colocado en primer lugar, más que en las preocupaciones de poseer el liderazgo o de estar siempre un paso adelante”(…)

 

“En la mujer, existe una densidad existencial, un sabor de la cotidianeidad, que perfuma la fe; existe una sensibilidad que envuelve el todo de la vida, incluso cuando esta es minúscula y frágil”

La Sed

Uno de los elementos que une a los varios personajes femeninos en Lucas, son las lágrimas. La viuda de Nain, la pecadora, las mujeres de Jerusalén(…) Las lágrimas, expresan el exceso de algo: emociones, conflictos, alegrías, soledad, heridas. “Somos muchas veces arrastrados por nuestras mismas lágrimas, lloramos incluso sin quererlo. Pero las lágrimas dicen que Dios se encarna en nuestras vidas, en nuestros fracasos, en nuestros encuentros”.

“Pensemos en nuestras lágrimas a las primeras que hemos derramado y a las ultimas, a las más recientes. Nuestra biografía puede ser narrada también a través de las lágrimas: de alegría, de fiesta, de emoción, y también de noche oscura, de sufrimiento, de abandono, de arrepentimiento y de constricción”

 

El cristiano debe preguntarse siempre, no sólo “¿Qué hago con el poder que tengo o con el que me ha sido encomendado?  (…) ¿Qué ha hecho de mí el poder?”. Se corre un enorme riesgo, la tentación del poder, que nos aleja del misterio de la Cruz. Cuando deja de ser claramente un servicio a los hermanos y se convierte en delirio de auto-afirmación y de auto-referencialidad (...) “No somos patrones, somos pastores”.

En el Evangelio de Lucas (7,36-50) vemos a una mujer llorar,  ella  nos enseña a llorar. Se trata de la escena de la comida en la casa de un fariseo, donde aparece la figura de una mujer como una intrusa, va a esa casa sólo porque Jesús está ahí. “La mujer es un personaje que va a seguir a Jesús, como una discípula anónima, discípula de Jesús in pectore, como lo son tantos de nuestros contemporáneos”.

 

No es un espectáculo agradable “pero la calidad afectiva de su gesto es testimoniado por el territorio simbólico en el cual se mueve, a los pies de Jesús, como una sierva”. Es esto lo que sorprende del relato la mujer intrusa y silenciosa que narra su historia con las lágrimas. “Existen muchas maneras de llorar, que revelan no solamente la intensidad de nuestro dolor, sino también la naturaleza de nuestra sensibilidad. Porque cuando lloramos incluso en la más íntima soledad, en realidad nos esforzamos para que alguien lo vea. Es la sed del otro lo que nos hace llorar”.

“En estas ocasiones, las lágrimas son una súplica a una presencia capaz de acoger nuestra confianza sin palabras y abrazar nuestra vida, sin juicios y por completo”

Muchas veces tomamos fácilmente una distancia crítica de la religiosidad popular, donde se expresa también con abundancia de lágrimas, afectividad o necesidad de tocar. Contrariamente, Jesús dirige la pregunta a los comensales: ¿Ves a esta mujer? Y la presenta como la verdadera discípula, que ha hecho lo que los otros no hicieron con sus besos y su perfume, elementos que evocan el agua, el aceite y el beso.

Prosiguiendo con sus reflexiones sobre “la ciencia de la sed”, el cuarto día de Ejercicios el predicador señaló acerca de Dios y sobre el camino espiritual que “a nosotros los creyentes nos hace bien escuchar a los no creyentes”. Destacó que “la fe no es un podio”, sino un camino. Afirmó que “con gran facilidad nos convertimos en “custodios de lo sagrado, en lugar de buscadores”. Nos comportamos "como administradores, en lugar de considerarnos exploradores, que se interrogan y que están enamorados”

En la séptima meditación se han adentrado a reflexionar sobre: “Beber de la propia sed”

El P. Tolentino subrayó el hecho de que vivimos en un sociedad sedentaria, de oficina: “sociedad de gente detenida, encerrada en las diversas cápsulas en las que se transcurre la vida cotidiana. De ahí la pregunta de si el carácter sedentario no ha ido también a la vida espiritual y si la Iglesia no ha perdido su fibra muscular, convirtiéndose en una Iglesia de oficina, sumamente ocupada que no tiene tiempo para ponerse en marcha y en camino (...)debemos aprender a beber de nuestra sed”.

Es decir, tener la osadía de valorarla espiritualmente. Y aludió al libro del teólogo Gustavo Gutiérrez titulado “Beber del propio pozo”, en que presenta la espiritualidad como una aventura comunitaria, el caminar de un pueblo que actúa siguiendo las huellas de Jesús, no en condiciones históricas idealizadas, a salvo de las dificultades y los sufrimientos, sino a través de la soledad, la fatiga y las amenazas del desierto, como el pueblo de Dios en su éxodo hacia la Tierra Prometida.

La fe no resuelve nuestra sed, al contrario con frecuencia la intensifica y hasta la hace incluso más dramática. Y sin embargo la fe “nos ayuda a ver en

Jesús nos enseña a entregar, como oración, el silencio, el abandono y la sed. A la vez que nosotros queremos amar a Dios por lo que nos da, pero descubrimos poco a poco que se trata de una tentación. Recordemos a la Madre Teresa de Calcuta decía: “Quiero amar a Dios por aquello que me quita”

Estas fueron parte de las reflexiones en los Ejercicios Espirituales que vive el Santo Padre.

 
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