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Oratorio Miguel Rúa: Vivir desde el testimonio la Resurrección de Cristo PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Domingo, 01 de Abril de 2018 04:40

31 de marzo de 2018, Puebla: “Hace un día -Viernes Santo- se nos hacia un anuncio terrible, un anuncio drástico: Dios está muerto... Jesús muere y entonces nos llenamos tal vez de incertidumbre..., de tristeza, tal vez de coraje ¿Cómo que Dios está muerto? ... y sin embargo esa era la realidad...

Hoy el Evangelio es totalmente diferente y el anuncio que se nos da, es un anuncio que nos debe de retumbar en nuestra cabeza. Si, el día de ayer al escuchar que Jesús moría, tal vez nos llenaba la cabeza de contrariedad, hoy el Evangelio al decirnos: ¡No está aquí, ha Resucitado! tiene que retumbarnos en nuestra cabeza.

Es ahí donde se fundamenta nuestra fe, es ahí donde encontramos el sentido de creer en Cristo (...) la Resurrección de Jesucristo es transformadora.

Hoy hemos leídos siete lecturas…–que- nos han hablado de toda la Historia de la Salvación, desde que Dios creó al hombre… en Gracia... a su imagen y semejanza. Pero el hombre rompe esa amistad y es Cristo quien viene y vuelve a poner en orden la amistad entre Dios y el hombre.

¿Pero qué tanto estoy convencido de eso? (...) por eso hoy se nos invita a renovar nuestro compromiso bautismal (...) hoy es el día en que volvemos a tener la Gracia de Dios  (...),  tomo conciencia de que soy hijo de Dios y que  tengo que actuar conforme a esa realidad,  no es correcto que mis actos sean contrarios a ella.

 

Por ejemplo: Es como cuando niños le pedíamos una paleta a papá y mamá,   ellos llegaban con nuestra petición  y decían -Aquí está la paleta, pero por favor,  ahora debes ganártela-. Hoy cristo nos da la salvación, pero nos la tenemos que ganar (…) con nuestros actos… tenemos que ganarla con ese testimonio de vivir de acuerdo a las enseñanzas del Evangelio”, fueron parte de las palabras del Padre Juan Alberto Polanco durante la homilía de la Vigilia Pascual, ceremonia que presidió.

Debido a los graves daños que sufrió el templo de San Miguel Arcángel, al igual que otros templos de la Ciudad de Puebla y de Cholula, con el sismo del 19 de Septiembre de 2017, mismos que no se han podido subsanar, motivaron que la celebración la Pascua fuera en el lugar más seguro, apropiado y cercano para los feligreses que se atienden en el barrio: el Oratorio Miguel Rúa.

La comunidad de Salesianos, que lleva el mismo nombre que el templo, cuyos miembros  atienden al Instituto Juan Ponce de León, al Colegio Trinidad Sánchez,  al Oratorio Miguel Rúa y al templo de San Miguel Arcángel -entre otras obras- estuvieron presentes en su gran mayoría, celebrado como Iglesia la Fiesta de todas las fiesta.

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A las 8  de la noche en un ambiente festivo y de alegría, a la vez de recogimiento, inició  la ceremonia del Fuego Nuevo. El Padre Polanco realizó los signos sobre el Cirio Pascual, mismos con los que recordamos como Jesús, después de su Pasión y Muerte venció a ésta última con su Resurrección. A su vez el Padre Juan Alberto, trasmitió la llama bendita del Fuego Nuevo al Cirio que presidirá las ceremonias en el curso de año y indica la presencia de Jesús entre nosotros, como el Rey de reyes, Luz que despeja a mundo de la oscuridad del pecado, motivo por el cual damos gracias a Dios.

El Padre Polanco, después de entrar en procesión con el Cirio al recinto de Oratorio preparado para la ceremonia, le colocó en su lugar de honor. Más delante prosiguió la liturgia entonando el Pregón Pascual para anunciar la alegría por la Resurrección de Jesús.

El punto de reunión de la asamblea, compuesta de cientos de personas que portaban su cirio para llevar la luz de Jesús a sus Hogares, fue el gran salón que hace las veces de cancha de deportes, escenario de eventos oratorianos y juveniles, como lo fue en 2010 al recibir la Reliquia de San Juan Bosco -donde participó en aquel entonces el Padre Eugenio Lira Rugarcía, hoy Obispo de la Diócesis de Matamoros Tamaulipas-.

El Cirio que representa a Jesús Resucitado marcaba el centro la ceremonia. Las luces del lugar permanecieron apagadas Mientras se proclamaron las diversas lecturas y salmos que recordaban la historia de la Salvación, hasta la Resurrección de Jesús. Los reflectores y luminarias eléctricos se encendieron después del canto del Gloria, con jubiloso entusiasmo se anunció el inició del tiempo Pascual, festejo por el triunfo definitivo de nuestro Salvador sobre la muerte, del acto glorioso de liberación que nos ofrece el Hijo de Dios primicia de nuestra propia resurrección.

El Padre Polanco invitó a todos a vivir este tiempo Pascual, como época de paz, alegría, esperanza pero con especial actitud de coherencia y compromiso. Un tiempo que durará cincuenta días festivos, desde el domingo de Resurrección hasta día de Pentecostés.

Sobre todo se exhortó a todos a ser cristianos de hecho –no de palabra- y a dar testimonio sincero. Se recalcó que si bien Jesús nos ha regalado la salvación, esto nos debe llevar a cumplir los mandamientos de amor de Dios con una vida que nos haga ser merecedores, en reciprocidad del bien y don recibido por la persona de Jesús.

Para recordar los compromisos bautismales de los ahí reunidos, el Padre Polanco bendijo el agua con la que los fieles fueron rociados para renovar su bautismo. Se pidió a quienes llevarán a sus hogares este sacramental, lo usarán de modo razonado, no para supercherías o actos contrarios a la fe, sino para bendecir.

Después de la Comunión el Padre Polanco agradeció a los salesianos Ernesto Solís Pérez y Víctor Guerrero Hernández por su colaboración, al primero por su ayuda en la preparación del lugar y de la liturgia, al hermano Víctor por facilitar las instalaciones del Oratorio, mismo que él coordina y anima. De igual modo agradecieron a todos los seglares, adolescentes que hicieron la veces de monaguillas, a responsable de servicios de canto  y a aquellos que hicieron posible aquella especial ceremonia centro de toda nuestra fe.

Los fieles encendieron sus cirios al salir del lugar, para asegurar que pudieran llevar la Luz de Jesús a sus hogares sin sufrir contratiempos. Muchos, muy felices, portaban sus cirios en una noche iluminada en verdad de gran claridad, con una luna llena que parecía hacernos notar que toda la creación se alegraba por esta ocasión.

 
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