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Discurso del Santo Padre Francisco durante el encuentro de los jóvenes con él y los Padres sinodales PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Miércoles, 10 de Octubre de 2018 10:23

 

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El pasado sábado 6 de octubre de 2018 en el contexto del el Aula Pablo VI, el Santo Padre Francisco presidió el   evento especial denominado ‘Nosotros por: Únicos, solidarios, creativos’, lo anterior dentro de la celebración del la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, dedicado a la juventud y cuyo tema central es: ‘Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional’. El presente Sínodo inició el pasado 3 de octubre y concluirá el día 28 del mismo mes. (Fuente: SPSS y Vaticano)

Este momento juvenil se distinguió por la riqueza de los diversos testimonios,  la alegría y fraternidad que se manifestó en  los espacios de expresión artístico-musical, gestos a los que Santo Padre quiso corresponder  a través del siguiente discurso-reflexión que compartió con los ahí reunidos.

Discurso que pronunció el Papa Francisco

“Aquí están las preguntas escritas... Las respuestas os las darán los Padres sinodales ¡Porque si yo diera las respuestas aquí, anularía el Sínodo! Las respuestas deben provenir de todos, de nuestra reflexión, de nuestra discusión y, sobre todo, deben ser respuestas dadas sin temor.
Sólo me limitaré, con respecto a todas estas preguntas, a decir algo que pueda servir, algún principio.

A vosotros jóvenes, que habéis hablado, que habéis dado vuestro testimonio, que habéis recorrido un camino, os digo: Esta es la primera respuesta. Haced vuestro camino. Sed jóvenes en camino, mirando al horizonte, no al espejo. Siempre mirando hacia adelante, en camino, y no sentados en el sofá. Tantas veces tengo que decir esto: un joven, un chico, una chica, que está en el sofá, termina jubilándose a los 24 años: ¡es feo, esto! Y luego, lo habéis dicho bien: lo que hace que me encuentro conmigo mismo no es el espejo, el mirar como soy. Encontrarme es hacer, ir en busca del bien, de la verdad, de la belleza. Allí me encontraré.

Luego, en esta línea, otra palabra que me llamó la atención es la última. Ha sido fuerte la última, pero es verdad... ¿Quién la hizo? ... Tú. Era fuerte: la coherencia. La coherencia de vida. Recorro un camino, pero con coherencia de vida. Y cuando vosotros veis una Iglesia incoherente, una Iglesia que te lee las Bienaventuranzas y luego cae en el clericalismo más principesco y escandaloso, entiendo, entiendo... Si eres cristiano, toma las Bienaventuranzas y ponlas en práctica. Y si eres un hombre o una mujer que dio su vida, la has consagrado. Si eres sacerdote,- incluso un sacerdote que baila [se refiere a un testimonio]- si eres sacerdote y quieres vivir como cristiano, sigue el camino de las Bienaventuranzas. No el camino de la mundanidad, el camino del clericalismo, que es una de las perversiones más feas de la Iglesia. Coherencia de vida. Pero vosotros también [se dirige a los jóvenes], debéis ser coherentes en vuestro camino y preguntaros: ‘¿Soy coherente en mi vida?’. Este es un segundo principio.

También está el problema de las desigualdades. Se pierde el significado verdadero del poder, -esto vale para la pregunta sobre la política- se pierde lo que Jesús nos dijo, que el poder es servicio: el verdadero poder es servir. De lo contrario, es egoísmo, es rebajar al otro, no dejar que crezca, es dominando, haciendo esclavos, no personas maduras. El poder es hacer que las personas crezcan, para convertirse en servidores de la gente. Este es el principio: tanto para la política como para la coherencia de vuestras preguntas.

Después, más preguntas... Os diré algo. Por favor, vosotros, jóvenes, chicos y chicas, ¡no tenéis precio! ¡No sois piezas de subasta! Por favor, no os dejéis comprar, no os dejéis seducir, no os dejéis esclavizar por las colonizaciones ideológicas que nos meten ideas en la cabeza y al final nos volvemos esclavos, dependientes, fracasados en la vida. Vosotros no tenéis precio: debéis repetíroslo siempre: no estoy en una subasta, no tengo precio. ¡Soy libre, soy libre! Enamoraos de esta libertad, que es la que ofrece Jesús.


Luego hay dos cosas, -y me gustaría terminar con esto-, entre las ideas de las que habéis hablado y a las que los Padres sinodales responderán dialogando con vuestras preguntas. La primera es sobre el uso de la web. Es cierto: la interconexión con lo digital es inmediata, efectiva y rápida. Pero si te acostumbras a esto, terminarás, y –lo que voy a decir es real- terminarás como una familia donde, en la mesa, en el almuerzo o la cena, todos están con el teléfono y hablan con otras personas, o se comunican por teléfono. Sin una relación concreta, real, sin concreción. Cada camino que haréis, para ser confiable, debe ser concreto, como las experiencias, las tantas experiencias de las que habéis hablado. Ninguno de los testimonios habéis dado hoy ha sido ‘líquido’: todos fueron concretos. La concreción. La concreción es la garantía para avanzar. Si los medios de comunicación, si el uso de la web os saca de concreción, os vuelve ‘líquidos’, córtalo. Córtalo. Porque si no hay concreción no habrá futuro para vosotros. Esto es seguro, es una regla de la carretera y del camino.

Y luego, esta concreción también en la acogida. Muchos de vuestros ejemplos, que habéis presentado hoy, tratan de la acogida. Michel hizo esta pregunta: ‘¿Cómo superar la mentalidad cada vez más extendida que ve en el extraño, en lo diferente, en el migrante, un peligro, el mal, el enemigo que hay que expulsar?’. Esta es la mentalidad de la explotación de la gente, de hacer esclavos a los más débiles. No se cierran solo las puertas, se cierran las manos. Y hoy los populismos, que no tienen nada que ver con lo que es popular, están un poco de moda. ¡Popular es la cultura de la gente, la cultura de cada uno de sus pueblos que se expresa en el arte, se expresa en la cultura, se expresa en la ciencia de la gente, se expresa en la fiesta!

Cada pueblo celebra las fiestas a su manera. Esto es popular. Pero el populismo es todo lo contrario: es el cierre de esto en un modelo. Estamos cerrados, estamos solo nosotros. Y cuando estamos cerrados, no podemos avanzar. Tened cuidado Es la mentalidad que Michel ha dicho: ‘¿Cómo superar la mentalidad cada vez más extendida que ve en el extraño, en lo diferente, en el migrante, un peligro, el mal, el enemigo que hay que expulsar?’. La superamos con el abrazo, con la bienvenida, con el diálogo, con el amor, que es la palabra que abre todas las puertas.

Y al final, -he hablado de concreción- cada uno de vosotros quiere hacer un camino en la vida, concreto, un camino que dé frutos. Gracias a ti [Giovanni Caccamo] por la foto con tu abuelo: quizás fue esa fotografía, el mejor mensaje de esta tarde. Hablad con los ancianos, hablad con los abuelos: son las raíces, las raíces de vuestra concreción, las raíces del vuestro crecer, florecer y dar frutos.

Recordad: si el árbol está solo, no dará frutos. Todo lo que el árbol tiene de flor, proviene de lo que está enterrado. Esta expresión es de un poeta, no es mía. Pero es la verdad. Aferraos a las raíces, pero no os quedéis allí. Tomad las raíces y haced que avancen para que den fruto, y vosotros os convertiréis también en raíces para los demás. No te olvides de la fotografía, la del abuelo. Hablad con los abuelos, hablad con los ancianos y esto os hará felices.

Muchas gracias Estas son orientaciones. Las respuestas, ¡a ellos! [señala a los Padres sinodales] ¡Gracias, gracias!”

 

 
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