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Catequesis de Santo Padre durante la audiencia General del miércoles 17 de octubre de 2018 PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Viernes, 19 de Octubre de 2018 13:57

Vatican News

Durante la Audiencia general del miércoles pasado el Papa Francisco dirigió sus reflexiones a los fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro y a través de los medios a todo el Mundo.

Prosiguiendo con el ciclo de catequesis referentes a los Mandamientos de la Ley de Dios el Papa hizo referencia al Quinto precepto: ‘No matarás’, de acuerdo a las palabras Jesús y basándose en el Evangelio de San Mateo (Mt. 5, 21, 24). (Fuentes: Vaticano y OPSS).

Catequesis pronunciada en Español:

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera continuar la catequesis sobre la Quinta Palabra del Decálogo: ‘No matarás’. Ya hemos subrayado cómo este mandamiento revela que a los ojos de Dios la vida humana es valiosa, sacra e inviolable. Nadie puede despreciar la vida de otros o la propia; el hombre, de hecho, lleva en sí la imagen de Dios y es objeto de su amor infinito, cualquiera que sea la condición en la que ha sido llamado a la existencia.

En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado hace poco, Jesús nos revela de este mandamiento un sentido aún más profundo. Él afirma que, frente al tribunal de Dios, también la ira contra un hermano es una forma de homicidio. Por eso, el Apóstol Juan escribe: ‘Todo el que aborrece a su hermano es un asesino’ (1 Juan 3, 15). Pero Jesús no se detiene en esto, y en la misma lógica añade que también el insulto y el desprecio pueden matar. Y nosotros estamos acostumbrados a insultar, es cierto. Y nos sale un insulto como si fuera un suspiro. Y Jesús nos dice: ‘Detente, porque el insulto hace mal, mata’. El desprecio. ‘Pero yo... esta gente, a este lo desprecio’. Y esta es una forma para matar la dignidad de una persona. Y sería hermoso que esta enseñanza de Jesús entrara en la mente y en el corazón, y cada uno de nosotros dijera: ‘Nunca insultaré a nadie’. Sería un propósito hermoso, porque Jesús nos dice: ‘Mira, si tú desprecias, si tú insultas, si tú odias, eso es homicidio’.

Ningún código humano equipara hechos tan diferentes asignándoles el mismo grado de juicio. Y de manera coherente, Jesús invita además a interrumpir la oferta del sacrificio en el templo si se recuerda que un hermano se ha ofendido con nosotros, para ir a buscarlo y reconciliarse con él. También nosotros, cuando vamos a Misa, deberíamos tener esta actitud de reconciliación con las personas con las que hemos tenido problemas. Incluso si hemos pensado mal de ellos, les hemos insultado. Pero muchas veces, mientras esperamos que venga el sacerdote a decir la Misa, se charla un poco y se habla más de los demás. Pero esto no se puede hacer. Pensemos en la gravedad del insulto, del desprecio, del odio: Jesús los pone al mismo nivel del asesinato. ¿Qué pretende decir Jesús, extendiendo hasta este punto el campo de la Quinta Palabra? El hombre tiene una vida noble, muy sensible, y posee un yo recóndito no menos importante de su ser físico. De hecho, para ofender la inocencia de un niño basta una frase inoportuna. Para herir a una mujer puede bastar un gesto de frialdad. Para partir el corazón de un joven es suficiente negarle la confianza. Para aniquilar a un hombre basta ignorarlo. La indiferencia mata. Es como decir a la otra persona: ‘Tú estás muerto para mí’, porque tú lo has matado en tu corazón. No amar es el primer paso para matar; y no matar es el primer paso para amar.

En la Biblia, al inicio, se lee esa frase terrible salida de la boca del primer homicida, Caín, después de que el Señor le pregunta dónde está su hermano, Caín responde: ‘No lo sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?’ (Génesis 4, 9). Así hablan los asesinos: ‘no me afecta’, ‘son cosas tuyas’ y cosas similares. Probemos a responder a esta pregunta: ¿Somos nosotros los custodios de nuestros hermanos? ¡Sí que lo somos! ¡Somos custodios los unos de los otros! Y este es el camino de la vida, es el camino del no matarás. La vida humana necesita amor. Y, ¿cuál es el amor auténtico? Es el que Cristo nos ha mostrado, es decir, la misericordia. El amor del que no podemos prescindir es el que perdona, que acoge a quien nos ha hecho mal. Ninguno puede sobrevivir sin misericordia, todos necesitamos el perdón. Por lo tanto, si matar significa destruir, suprimir, eliminar a alguien, entonces no matar querrá decir cuidar, valorar, incluir. Y también perdonar.

Nadie se puede ilusionar pensando: ‘Estoy bien porque no hago nada malo’ un mineral o una planta tienen este tipo de existencia, en cambio el hombre, no; una persona —un hombre o una mujer— no. A un hombre o a una mujer se les pide más. Hay bien por hacer, preparado para cada uno de nosotros, cada uno el suyo, que nos hace ser nosotros mismos hasta el fondo. ‘No matarás’ es un llamamiento al amor y a la misericordia, es una llamada a vivir según el Señor Jesús, que dio la vida por nosotros y por nosotros resucitó. Una vez repetimos todos juntos, aquí en la plaza, una frase de un Santo sobre esto. Tal vez nos ayude: ‘No hacer el mal es algo bueno. Pero no hacer el bien no es bueno’. Siempre debemos hacer el bien. Ir más allá.

Él, el Señor, que encarnándose santificó nuestra existencia; Él, que con su sangre la hizo inestimable; Él, ‘el jefe que lleva a la vida’ (Hechos 3, 15), gracias al que cada uno es un regalo del Padre. En Él, en su amor más fuerte que la muerte y por la potencia del Espíritu que el Padre nos da, podemos acoger la Palabra ‘No matarás’ como el llamamiento más importante y esencial: es decir, no matarás significa una llamada al amor.”

 

 

Saludos del Santo Padre para los hispanoparlantes:

“Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica. Que el Señor Jesús, Autor de la vida, nos conceda comprender que el mandamiento ‘no matarás’ es, ante todo, una llamada al amor y a la misericordia, una invitación a vivir como Él, que por nosotros murió y resucitó. Santa María, Madre de la Misericordia, nos ampare e interceda por nosotros. Muchas gracias.”

 

 

Contenido de la Catequesis General del Santo Padre:

 

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría continuar con la catequesis sobre la Quinta Palabra del Decálogo, ‘No matarás’. Ya hemos subrayado cómo este mandamiento revela que a los ojos de Dios la vida humana es preciosa, sagrada e inviolable. Nadie puede despreciar la vida de los demás o la suya propia; de hecho, el hombre lleva dentro de sí la imagen de Dios y es el objeto de su amor infinito, cualquiera sea la condición en la que ha sido llamado a la existencia.


En el pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar, Jesús nos revela un sentido aún más profundo de este mandamiento. Afirma que, ante el tribunal de Dios, incluso la ira contra un hermano es una forma de homicidio. Por eso el apóstol Juan escribe: ‘El que odia a su hermano es un asesino’ (1 Jn 3:15). Pero Jesús no se detiene aquí, y en la misma lógica agrega que el insulto y el desprecio también pueden matar. Y nosotros estamos acostumbrados a insultar, es verdad. E insultar nos sale como respirar. Y Jesús nos dice ‘Detente, porque el insulto hace daño, mata’. El desprecio. ‘Pero yo…a esta gente, esto lo desprecio’. Y esta es una forma de matar la dignidad de una persona. Y sería hermoso que esta enseñanza de Jesús entrase en la mente y en el corazón, y que cada uno de nosotros dijese: ‘Nunca insultaré a nadie’. Sería un buen propósito porque Jesús dice: ‘Mira, si desprecias, si insultas, si odias, eso es homicidio’.

Ningún código humano equipara actos tan diferentes asignándoles el mismo grado de juicio. Y de manera coherente, Jesús nos invita incluso a interrumpir la ofrenda del sacrificio en el templo si recordamos que un hermano está ofendido contra nosotros, para ir a buscarlo y reconciliarnos con él. También nosotros, cuando vamos a misa, tendríamos que tener esta actitud de reconciliación con las personas con las que hemos tenido problemas. También si hemos pensado mal de ellos, si les hemos insultado. Pero tantas veces, mientras esperamos a que venga el sacerdote a decir misa, se chismorrea y hablamos mal de los demás. Pero es algo que no se puede hacer. Pensemos en la gravedad del insulto, del desprecio, del odio: Jesús los coloca en la línea del asesinato.

¿Qué quiere decir Jesús al extender el campo de la Quinta Palabra hasta este punto? El hombre tiene una vida noble, muy sensible, y posee un yo recóndito no menos importante que su ser físico. De hecho, para ofender la inocencia de un niño es suficiente una frase inoportuna. Para herir a una mujer basta un gesto de frialdad. Para romper el corazón de un joven es suficiente negarle la confianza. Para aniquilar a un hombre, basta ignorarlo. La indiferencia mata. Es como decir a la otra persona: ‘Tú, para mí, estás muerto’, porque lo has matado en tu corazón. No amar es el primer paso para matar; Y no matar es el primer paso para amar.

En la Biblia, al principio, se lee aquella frase terrible salida de la boca del primer asesino, Caín, después de que el Señor le pregunta dónde está su hermano. Caín responde: ‘No lo sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano? ‘(Génesis 4: 9) (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 2259 ). Así hablan los asesinos: ‘No me concierne ‘, ‘Son asuntos tuyos ‘ y cosas parecidas. Intentemos responder a esta pregunta: ¿Somos los guardianes de nuestros hermanos? ¡Sí, lo somos! ¡Somos custodios el uno del otro! Y este es el camino de la vida, es el camino del no asesinato.

La vida humana necesita amor. ¿Y cuál es el amor auténtico? Es el que Cristo nos mostró, es decir, la misericordia. El amor del que no podemos prescindir es el que perdona, el que acoge a quienes nos han hecho daño. Ninguno de nosotros puede sobrevivir sin misericordia, todos necesitamos el perdón. Entonces, si matar significa destruir, suprimir, eliminar a alguien, entonces no matarás significará curar, valorar, incluir. Y perdonar.

Nadie puede engañarse a sí mismo pensando: ‘Estoy bien porque no hago nada malo’. Un mineral o una planta tienen este tipo de existencia, un hombre no. Una persona -un hombre o una mujer- no. A un hombre o a una mujer se le pide algo más. Hay bien por hacer, preparado para cada uno de nosotros, cada uno el suyo, el que nos hace nosotros mismos hasta el final. ‘No matarás’ es una llamada al amor y a la misericordia, es una llamada a vivir de acuerdo con el Señor Jesús, que dio su vida por nosotros y por nosotros resucitó. Una vez repetimos todos juntos, aquí en la Plaza, una frase de un santo sobre esto. Quizás nos ayude: ‘Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien’. Siempre tenemos que hacer el bien. Ir más allá.

Él, el Señor, que encarnándose santificó nuestra existencia; Él, que con su sangre la hizo inestimable; Él, ‘el autor de la vida’ (Hechos 3:15), gracias al cual cada uno es un don del Padre. En él, en su amor más fuerte que la muerte, y mediante la potencia del Espíritu que el Padre nos da, podamos acoger la Palabra ‘No matarás’ como el llamamiento más importante y esencial: es decir, ‘No matarás’, significa una llamada al amor.”

 

 

Saludos en las diversas lenguas

Saludos en francés: Me complace saludar a los peregrinos de Francia y de varios países francófonos, en particular a los peregrinos de Chambéry y Nancy, con sus obispos: Mons. Ballot y Mons. Papin; a los jóvenes de Versalles, París, Fougères, Bucquoy, Rouen y Evreux, así como a los peregrinos de Namur. Podemos acoger en Jesús, en su amor más fuerte que la muerte, y por el don del Espíritu del Padre, el mandamiento ‘no matarás’. Es la llamada más importante y esencial de nuestras vidas: ¡La llamada al Amor! ¡Dios os bendiga!

Saludos en inglés: Saludo a los peregrinos de habla inglesa presentes en la audiencia de hoy, especialmente a los de Inglaterra, Escocia, Dinamarca, Islandia, Noruega, Ghana, Nigeria, Sudáfrica, Uganda, Indonesia, Canadá y los Estados Unidos de América. En este mes dedicado a la oración del Rosario, os acompañe Nuestra Señora del Rosario, y sobre todos vosotros y vuestras familias, invoco la alegría y la paz de nuestro Señor Jesucristo. ¡Dios os bendiga!

Saludos en alemán; Me complace dar la bienvenida a los peregrinos de habla alemana. Saludo en particular a los ‘Schützen’ de Drolshagen-Schreibershof y a los diversos grupos de jóvenes, especialmente a la Maria Ward Realschule Augsburg, a la Liebfrauenschule Berlin, a los monaguillos de San Remigius Viersen y al peregrinaje de los monaguillos de la archidiócesis de Colonia. ¡Sois muy numerosos gracias! Que el Señor os ayude a crecer en amor y os proteja siempre.

Saludos en español: Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica. Que el Señor Jesús, Autor de la vida, nos conceda comprender que el mandamiento ‘no matarás’ es, ante todo, una llamada al amor y a la misericordia, una invitación a vivir como Él, que por nosotros murió y resucitó. Santa María, Madre de la Misericordia, nos ampare e interceda por nosotros. Muchas gracias.

Saludos en portugués: Saludo a los peregrinos de Portugal y Brasil, especialmente a los fieles de Itu, Várzea Paulista y Tubarão. Queridos amigos, cuidar al hermano, especialmente al necesitado u olvidado por la cultura del descarte, significa creer que cada hombre y cada mujer es un don de Dios. No escatimemos esfuerzos para que todas las personas puedan sentirse siempre acogidas y amadas en nuestras comunidades cristianas. ¡Que Dios os bendiga!

Saludos en árabe: Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua árabe, especialmente a los de Siria, Irak y Oriente Medio. Jesús dejó en claro que el mandamiento ‘no matarás’ también incluye todos los actos y palabras que ofenden y humillan a los demás, disminuyendo su dignidad, como la rabia, la calumnia y el maltrato. Jesús presentó este mandamiento de manera que va más allá de la simple prohibición de matar, para abrirlo al amplio espacio del amor: no matarás significa ama y haz lo que quieras. ¡El Señor os bendiga a todos y os proteja de los malvados!

Saludos en polaco: Doy la bienvenida a los peregrinos polacos. Ayer, se cumplieron cuarenta años de la elección a la Sede de Pedro de Karol Wojty?a, San Juan Pablo II. ¡Y un aplauso a San Juan Pablo II! Las palabras que pronunció el día de la inauguración de su pontificado son siempre actuales: ¡No tengáis miedo! ¡Abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo! Que sigan inspirando vuestra vida personal, familiar y social; que sean un estímulo para seguir a Cristo fielmente, para ver su presencia en el mundo y en el hombre especialmente en el pobre y necesitado. En efecto, el hombre, como enseñaba el Papa procedente del linaje de los polacos, es el camino de la Iglesia. Os bendigo de todo corazón.


Saludos en italiano:

Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana.

Me alegra recibir a las Capitulares de las Benedictinas Misioneras de Tutzing y a los participantes en el Congreso Mundial de Radio María.

Saludo a los grupos parroquiales; el personal militar y civil del Mando Logístico de la Aeronáutica Militar; a la Delegación del ‘Popolo della Famiglia’’; el Centro italiano Aiuti all’Infanzia, a la Asociación Bambino empático y a la Comunidad Villa San Francesco.

Dirijo un pensamiento particular a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados.

Hoy es la memoria litúrgica de San Ignacio de Antioquia, obispo y mártir en Roma. Aprendamos de este santo obispo de la antigua Siria a ser testigos valerosos de nuestra fe. A través de su intercesión, el Señor nos dé a cada uno la fuerza de la perseverancia, a pesar de la adversidad y la persecución.

 
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