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Catequesis del Santo Padre durante la Audiencia General: ‘No codiciarás la mujer de tu prójimo [...], ni los bienes de tu prójimo PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Miércoles, 21 de Noviembre de 2018 15:13

 

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21 de noviembre de 2018, Vaticano: El Santo Padre Francisco centro su catequesis semanal en el mandamiento: ‘No codiciarás la mujer de tu prójimo [...], ni los bienes de tu prójimo,’ en base al libro de Éxodo del Antiguo Testamento (Ex 17). De este modo el Papa dio continuidad a la serie de catequesis que ha predicado referentes a la Ley de Dios revelada a Moisés.

Una gran asamblea, constituida por fieles locales y de peregrinos venidos de todas partes de mundo, escuchó con atención al Obispo de Roma, él subrayó que ante nuestra debilidad no debemos confiarnos a nuestra voluntad, para cumplir con lo encomendado, debemos pedir la fuerza e intervención del Espíritu Santo quien no ayuda a obtener los frutos deseados. (Fuentes: Vaticano y OPSS)

Síntesis de la catequesis del Santo Padre predicada en español:

“Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre el último mandamiento: ‘No codiciarás los bienes de tu prójimo, ni la mujer de tu prójimo’. A simple vista parece coincidir con los mandamientos: ‘No cometerás adulterio’ o ‘no robarás’. Sin embargo, hay una diferencia. En este epílogo el Señor nos propone llegar al fondo del sentido del decálogo y evitar que pensemos que basta un cumplimiento nominal y farisaico para conseguir la salvación. La diferencia estriba en el verbo empleado: ‘no codiciarás’; con este verbo se subraya que, en el corazón del hombre -como dice Jesús en el evangelio-, nace la impureza y nacen los deseos malvados que rompen nuestra relación con Dios y con los hombres.

Por eso, nos engañamos a nosotros mismos si pensamos que nuestra debilidad se supera solo con nuestras fuerzas, en virtud de una observancia externa. Debemos suplicar, como mendigos, la humildad y la verdad que nos pone frente a nuestra pobreza, para poder así aceptar que solo el Espíritu Santo puede corregirnos, dando a nuestros esfuerzos el fruto deseado. Esa verdad es apertura auténtica y personal a la misericordia de Dios que nos transforma y nos renueva.

Bienaventurados los pobres de espíritu; aquellos que, no fiándose de sus propias fuerzas, se abandonan en Dios, que con su misericordia cura sus fallas y les da una vida nueva.”

Saludos de Papa Francisco en español:

“Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. En este día que celebramos la Presentación de la Virgen María en el Templo, los animo a que, siguiendo su ejemplo, sean testigos de la misericordia de Dios en medio del mundo, comunicando la ternura y la compasión que han experimentado en sus propias vidas. Muchas gracias.”

Catequesis General del Santo Padre:

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Nuestros encuentros sobre el Decálogo nos llevan hoy al último mandamiento. Lo escuchamos al principio. Estas no son solo las últimas palabras del texto, sino mucho más: son el cumplimiento del viaje a través del Decálogo, que llegan al fondo de todo lo que encierra. En efecto, a simple vista, no agregan un nuevo contenido: las palabras ‘no codiciarás la mujer de tu prójimo [...], ni los bienes de tu prójimo ‘ están al menos latentes en los mandamientos sobre el adulterio y el robo. ¿Cuál es entonces la función de estas palabras? ¿Es un resumen? ¿Es algo más?

Tengamos muy en cuenta que todos los mandamientos tienen la tarea de indicar el límite de la vida, el límite más allá del cual el hombre se destruye y destruye a su prójimo, estropeando su relación con Dios. Si vas más allá, te destruyes, también destruyes la relación con Dios y la relación con los demás. Los mandamientos señalan esto. Con esta última palabra, se destaca el hecho de que todas las transgresiones surgen de una raíz interna común: los deseos malvados. Todos los pecados nacen de un deseo malvado. Todos. Allí empieza a moverse el corazón, y uno entra en esa onda, y acaba en una transgresión. Pero no en una transgresión formal, legal: en una transgresión que hiere a uno mismo y a los demás.

En el Evangelio, el Señor Jesús dice explícitamente: "Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre’."(Mc 7,21-23).

Entendemos así que todo el itinerario del Decálogo no tendría ninguna utilidad si no llegase a tocar este nivel, el corazón del hombre. ¿De dónde nacen todas estas cosas feas? El Decálogo se muestra lúcido y profundo en este aspecto: el punto de llegada –el último mandamiento- de este viaje es el corazón, y si éste, si el corazón, no se libera, el resto sirve de poco. Este es el reto: liberar el corazón de todas estas cosas malvadas y feas. Los preceptos de Dios pueden reducirse a ser solo la hermosa fachada de una vida que sigue siendo una existencia de esclavos y no de hijos. A menudo, detrás de la máscara farisaica de la sofocante corrección, se esconde algo feo y sin resolver.

En cambio, debemos dejarnos desenmascarar por estos mandatos sobre el deseo, porque nos muestran nuestra pobreza, para llevarnos a una santa humillación. Cada uno de nosotros puede preguntarse: Pero ¿qué deseos feos siento a menudo? ¿La envidia, la codicia, el chismorreo? Todas estas cosas vienen desde dentro. Cada uno puede preguntárselo y le sentará bien. El hombre necesita esta bendita humillación, esa por la que descubre que no puede liberarse por sí mismo, esa por la que clama a Dios para que lo salve. San Pablo lo explica de una manera insuperable, refiriéndose al mandamiento de no desear (cf. Rom 7: 7-24).

Es vano pensar en poder corregirse sin el don del Espíritu Santo. Es vano pensar en purificar nuestro corazón solo con un esfuerzo titánico de nuestra voluntad: eso no es posible. Debemos abrirnos a la relación con Dios, en verdad y en libertad: solo de esta manera nuestras fatigas pueden dar frutos, porque es el Espíritu Santo el que nos lleva adelante.

La tarea de la Ley Bíblica no es la engañar al hombre con que una obediencia literal lo lleve a una salvación amañada y, además, inalcanzable. La tarea de la Ley es llevar al hombre a su verdad, es decir, a su pobreza, que se convierte en apertura auténtica, en apertura personal a la misericordia de Dios, que nos transforma y nos renueva. Dios es el único capaz de renovar nuestro corazón, a condición de que le abramos el corazón: es la única condición; Él lo hace todo; pero tenemos que abrirle el corazón.

Las últimas palabras del Decálogo educan a todos a reconocerse como mendigos; nos ayudan a enfrentar el desorden de nuestro corazón, para dejar de vivir egoístamente y volvernos pobres de espíritu, auténticos ante la presencia del Padre, dejándonos redimir por el Hijo y enseñar por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el maestro que nos enseña. Somos mendigos, pidamos esta gracia.

"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5, 3). Sí, benditos aquellos que dejan de engañarse creyendo que pueden salvarse de su debilidad sin la misericordia de Dios, que es la sola que puede sanar el corazón. Solo la misericordia del Señor sana el corazón. Bienaventurados los que reconocen sus malos deseos y con un corazón arrepentido y humilde, no se presentan ante Dios y ante los hombres como justos, sino como pecadores. Es hermoso lo que Pedro le dijo al Señor: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador’. Hermosa oración ésta: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador’.

Estos son los que saben tener compasión, los que saben tener misericordia de los demás, porque la experimentan en ellos mismos.”

 

Saludos del Papa en diversos idiomas:

Saludos en francés: “Saludo cordialmente a los peregrinos procedentes de Francia y otros países francófonos, en particular al coro Hosanna de París. Queridos amigos, hoy celebramos la fiesta de la Presentación de la Virgen María. No tengáis miedo de confiar en ella; os conducirá a su Hijo Jesús. ¡Dios os bendiga!”

Saludos en inglés: “Saludo a los peregrinos de habla inglesa presentes en la audiencia de hoy, especialmente a los de Inglaterra, Irlanda, Nigeria, Israel, Japón, Filipinas, Taiwán, Canadá y Estados Unidos de América. Sobre todos vosotros y vuestras familias, invoco el gozo y la paz del Señor. ¡Dios os bendiga!”

Saludos en alemán: “Dirijo un cordial saludo a los peregrinos de habla alemana. Dios está cerca de nosotros como un buen padre. Reconozcámonos hijos que reciben todos los días los dones de su misericordia. ¡Que el Señor os bendiga así como a vuestras familias!”

Saludos en portugués: “Queridos peregrinos de habla portuguesa, os saludo a todos, en particular al grupo ‘Canção Nova’ en Curitiba, a los miembros del Tribunal de Justicia de Pernambuco, a los fieles de São Caetano do Sul y de Santo André, así como a los peregrinos de Fátima. Os animo a tomar como modelo de vuestra vida personal y social a la Virgen María, a quien veneramos hoy en su Presentación a Dios. El secreto de su paz y su valor se encuentra en esta certeza: "Nada es imposible para Dios". De la misma manera, que vuestros corazones encuentren confianza y consuelo en la misericordia que el Señor derrama, sin cansarse nunca, sobre vosotros y vuestras familias. Rezad por mi, Gracias.”

Saludos en árabe: “¡Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de habla árabe, especialmente a los de Medio Oriente! Queridos hermanos y hermanas, el Señor Jesús nos enseña que del corazón del hombre salen las intenciones del mal. Guardad vuestros corazones para que se dejen compenetrar del Espíritu y llevar a los caminos del amor que conducen a los hermanos. ¡El Señor os bendiga!”

Saludos en polaco: “Doy una cordial bienvenida a los peregrinos polacos. En particular, saludo a los miembros de la Asociación de Cultura Polaca de la Región de Leópolis en Ucrania, aquí presentes Como acabo de decir, los mandamientos nos orientan en el camino espiritual y sensibilizan nuestros corazones para que podamos descubrir nuestras debilidades y nuestros malos deseos, y encomendarlos humildemente a la misericordia de Dios. ¡Que su gracia y bendición os acompañen siempre!”


Saludos en italiano

“Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de habla italiana.

Me complace recibir a los grupos de fieles de las parroquias, especialmente a los de Sant'Elpidio a Mare y Salerno y al grupo Laboratorio del valor, acompañado por el arzobispo Renato Boccardo.
Saludo a la delegación del Proyecto de baloncesto en Tierra Santa, al banco de alimentos, a la Asociación Internacional de Policía de Puglia y al Instituto Garibaldi-Leone de Trinitapoli.

Dirijo un pensamiento particular a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados.

Hoy celebramos la memoria de la Presentación de la Santísima Virgen María. Miremos a aquella que generó a Cristo y venerémosla como Madre y poderoso Auxilio de los cristianos. De ella aprendemos qué es consagrarnos por completo al proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros y para el mundo entero.”

Llamamiento del Santo Padre: “Hoy, memorial litúrgico de la Presentación de la Santísima Virgen María en el Templo, celebramos el Día pro Orantibus, dedicado al recuerdo de las comunidades religiosas de clausura: ¡hay muchas! Es una ocasión muy oportuna para agradecer al Señor el don de tantas personas que, en monasterios y ermitas, se dedican totalmente a Dios en la oración, en el silencio y en el retiro. ¡Que no le falte a estas comunidades, el afecto, la cercanía y el apoyo, también material, de toda la Iglesia!”

 
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