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Catequesis del Santo Padre durante la Audiencia General del miércoles 19 de diciembre de 2018 PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Jueves, 20 de Diciembre de 2018 15:34

 

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19 de diciembre de 2018, Vaticano: Teniendo como escenario el aula Pablo VI, el Santo Padre Francisco presidió su acostumbrado encuentro con grupos de peregrinos y fieles de todo el mundo. Ha dedicado su catequesis al tema de la Navidad señalando la sorpresa que a Dios le agrada ofrecernos, de acuerdo a lo descrito al pasaje bíblico de Evangelio según san Juan (Juan 1 9-1q)

El Papa Francisco destacó que:” La Navidad es celebrar lo inédito de Dios, o mejor dicho, es celebrar a un Dios inédito, que cambia nuestra lógica y nuestras expectativas.” (Fuente: Vaticano y OPSS)

Síntesis de la Catequesis del Santo Padre pronunciada en español:

"Dentro de seis días será Navidad. Árboles, decoraciones y luces por todas partes recuerdan que también este año será una fiesta. La máquina publicitaria invita a intercambiar siempre nuevos regalos para sorprenderse. Pero, me pregunto ¿es esta la fiesta que agrada a Dios? ¿Qué Navidad le gustaría, qué regalos y qué sorpresas?

Observemos la primera Navidad de la historia para descubrir los gustos de Dios. Esa primera Navidad de la historia estuvo llena de sorpresas. Comenzamos con María, que era la esposa prometida de José: llega el ángel y cambia su vida. De virgen será madre. Seguimos con José, llamado a ser el padre de un niño sin generarlo. Un hijo que -golpe de efecto- llega en el momento menos indicado, es decir, cuando María y José estaban prometidos y, de acuerdo con la Ley, no podían cohabitar. Ante el escándalo, el sentido común de la época invitaba a José a repudiar a María y salvar así su buena reputación, pero él, si bien tuviera derecho, sorprende: para no hacer daño a María piensa despedirla en secreto, a costa de perder su reputación. Luego, otra sorpresa: Dios en un sueño cambia sus planes y le pide que tome a María con él. Una vez nacido Jesús, cuando tenía sus proyectos para la familia, otra vez en sueños le dicen que se levante y vaya a Egipto. En resumen, la Navidad trae cambios inesperados de vida. Y si queremos vivir la Navidad, tenemos que abrir el corazón y estar dispuestos a las sorpresas, es decir, a un cambio de vida inesperado.

Pero cuando llega la sorpresa más grande es en Nochebuena: el Altísimo es un niño pequeño. La Palabra divina es un infante, que significa literalmente 'incapaz de hablar'. Y la palabra divina se volvió incapaz de hablar. Para recibir al Salvador no están las autoridades de la época, o del lugar, o los embajadores: no, son simples pastores que, sorprendidos por los ángeles mientras trabajaban de noche, acuden sin demora. ¿Quién lo habría esperado? La Navidad es celebrar lo inédito de Dios, o mejor dicho, es celebrar a un Dios inédito, que cambia nuestra lógica y nuestras expectativas.

Celebrar la Navidad, es dar la bienvenida a las sorpresas del Cielo en la tierra. No se puedes vivir 'tierra, tierra', cuando el Cielo trae sus noticias al mundo. La Navidad inaugura una nueva era, donde la vida no se planifica, sino que se da; donde ya no se vive para uno mismo, según los propios gustos, sino para Dios y con Dios, porque desde Navidad Dios es el Dios-con-nosotros, que vive con nosotros, que camina con nosotros. Vivir la Navidad es dejarse sacudir por su sorprendente novedad. La Navidad de Jesús no ofrece el calor seguro de la chimenea, sino el escalofrío divino que sacude la historia. La Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la simplicidad sobre la abundancia, del silencio sobre el alboroto, de la oración sobre 'mi tiempo', de Dios sobre mi 'yo'.

Celebrar la Navidad es hacer como Jesús, venido por nosotros, los necesitados, y bajar hacia aquellos que nos necesitan. Es hacer como María: fiarse, dóciles a Dios, incluso sin entender lo que Él hará. Celebrar la Navidad es hacer como José: levantarse para realizar lo que Dios quiere, incluso si no está de acuerdo con nuestros planes. San José es sorprendente: nunca habla en el Evangelio: no hay una sola palabra de José en el Evangelio; y el Señor le habla en silencio, le habla precisamente en sueños. Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios al estruendo del consumismo. Si sabemos estar en silencio frente al belén, la Navidad será una sorpresa para nosotros, no algo que ya hayamos visto. Estar en silencio ante el belén: esta es la invitación para Navidad. Tómate algo de tiempo, ponte delante del belén y permanece en silencio. Y sentirás, verás la sorpresa.

Desgraciadamente, sin embargo, nos podemos equivocar de fiesta, y preferir las cosas usuales de la tierra a las novedades del Cielo. Si la Navidad es solo una buena fiesta tradicional, donde nosotros y no Él estamos en el centro, será una oportunidad perdida. Por favor, ¡no mundanicemos la Navidad! No dejemos de lado al Festejado, como entonces, cuando ‘vino entre los suyos, y los suyos no le recibieron’ (Jn 1,11). Desde el primer Evangelio de Adviento, el Señor nos ha puesto en guardia, pidiéndonos que no nos cargásemos con 'libertinajes' y 'preocupaciones de la vida' (Lc 21,34). Durante estos días se corre, tal vez como nunca durante el año. Pero así se hace lo contrario de lo que Jesús quiere. Culpamos a las muchas cosas que llenan los días, al mundo que va rápido. Y, sin embargo, Jesús no culpó al mundo, nos pidió que no nos dejásemos arrastrar, que velásemos en todo momento rezando (cfr. v. 36).

Será Navidad si, como José, daremos espacio al silencio; si, como María, diremos a Dios 'aquí estoy'; si, como Jesús, estaremos cerca de los que están solos, si, como los pastores, dejaremos nuestros recintos para estar con Jesús. Será Navidad, si encontramos la luz en la pobre gruta de Belén. No será Navidad si buscamos el resplandor del mundo, si nos llenamos de regalos, comidas y cenas, pero no ayudamos al menos a un pobre, que se parece a Dios, porque en Navidad Dios vino pobre.

Queridos hermanos y hermanas, ¡os deseo una Feliz Navidad, una Navidad rica en las sorpresas de Jesús! Pueden parecer sorpresas incómodas, pero son los gustos de Dios. Si los hacemos nuestros, nos daremos a nosotros mismos una sorpresa maravillosa. Cada uno de nosotros tiene escondida en el corazón la capacidad de sorprenderse. Dejémonos sorprender por Jesús en esta Navidad."

 

Saludos del Papa en español:

"Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española provenientes de España y América Latina. Le pedimos a la Virgen María que nos ayude a contemplar en silencio el misterio del Nacimiento de su Hijo, para que hagamos realidad en nuestras vidas su ejemplo de humildad, pobreza y amor. Les deseo una feliz Navidad. Muchas gracias."

Catequesis General del Santo Padre:

"Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Dentro de seis días será Navidad. Árboles, decoraciones y luces por todas partes recuerdan que también este año será una fiesta. La máquina publicitaria invita a intercambiar siempre nuevos regalos para sorprenderse. Pero, me pregunto ¿es esta la fiesta que agrada a Dios? ¿Qué Navidad le gustaría, qué regalos y qué sorpresas?

Observemos la primera Navidad de la historia para descubrir los gustos de Dios. Esa primera Navidad de la historia estuvo llena de sorpresas. Comenzamos con María, que era la esposa prometida de José: llega el ángel y cambia su vida. De virgen será madre. Seguimos con José, llamado a ser el padre de un niño sin generarlo. Un hijo que, -golpe de efecto-, llega en el momento menos indicado, es decir, cuando María y José estaban prometidos y, de acuerdo con la Ley, no podían cohabitar. Ante el escándalo, el sentido común de la época invitaba a José a repudiar a María y salvar así su buena reputación, pero él, si bien tuviera derecho, sorprende: para no hacer daño a María piensa despedirla en secreto, a costa de perder su reputación. Luego, otra sorpresa: Dios en un sueño cambia sus planes y le pide que tome a María con él. Una vez nacido Jesús, cuando tenía sus proyectos para la familia, otra vez en sueños le dicen que se levante y vaya a Egipto. En resumen, la Navidad trae cambios inesperados de vida. Y si queremos vivir la Navidad, tenemos que abrir el corazón y estar dispuestos a las sorpresas, es decir, a un cambio de vida inesperado.

Pero cuando llega la sorpresa más grande es en Nochebuena: el Altísimo es un niño pequeño. La Palabra divina es un infante, que significa literalmente 'incapaz de hablar'. Y la palabra divina se volvió incapaz de hablar. Para recibir al Salvador no están las autoridades de la época, o del lugar, o los embajadores: no, son simples pastores que, sorprendidos por los ángeles mientras trabajaban de noche, acuden sin demora. ¿Quién lo habría esperado? La Navidad es celebrar lo inédito de Dios, o mejor dicho, es celebrar a un Dios inédito, que cambia nuestra lógica y nuestras expectativas.

Celebrar la Navidad, es, entonces, dar la bienvenida a las sorpresas del Cielo en la tierra. No se puedes vivir 'tierra, tierra', cuando el Cielo trae sus noticias al mundo. La Navidad inaugura una nueva era, donde la vida no se planifica, sino que se da; donde ya no se vive para uno mismo, según los propios gustos, sino para Dios y con Dios, porque desde Navidad Dios es el Dios con nosotros, que vive con nosotros, que camina con nosotros. Vivir la Navidad es dejarse sacudir por su sorprendente novedad. La Navidad de Jesús no ofrece el calor seguro de la chimenea, sino el escalofrío divino que sacude la historia. La Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la simplicidad sobre la abundancia, del silencio sobre el alboroto, de la oración sobre 'mi tiempo', de Dios sobre mi 'yo'.

Celebrar la Navidad es hacer como Jesús, venido para nosotros, los necesitados, y bajar hacia aquellos que nos necesitan. Es hacer como María: fiarse, dócil a Dios, incluso sin entender lo que Él hará. Celebrar la Navidad es hacer como José: levantarse para realizar lo que Dios quiere, incluso si no está de acuerdo con nuestros planes. San José es sorprendente: nunca habla en el Evangelio: no hay una sola palabra de José en el Evangelio; y el Señor le habla en silencio, le habla precisamente en sueños. Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios al estruendo del consumismo. Si sabemos estar en silencio frente al Belén, la Navidad será una sorpresa para nosotros, no algo que ya hayamos visto. Estar en silencio ante el Belén: esta es la invitación para Navidad. Tómate algo de tiempo, ponte delante del Belén y permanece en silencio. Y sentirás, verás la sorpresa.

Desgraciadamente, sin embargo, nos podemos equivocar de fiesta, y prefiere las cosas usuales de la tierra a las novedades del Cielo. Si la Navidad es solo una buena fiesta tradicional, donde nosotros y no Él estamos en el centro, será una oportunidad perdida. Por favor, ¡no mundanicemos la Navidad! No dejemos de lado al Festejado, como entonces, cuando 'vino entre los suyos, y los suyos no le recibieron' (Jn 1,11). Desde el primer Evangelio de Adviento, el Señor nos ha puesto en guardia, pidiéndonos que no nos cargásemos con 'libertinajes' y 'preocupaciones de la vida' (Lc 21,34). Durante estos días se corre, tal vez como nunca durante el año. Pero así se hace lo contrario de lo que Jesús quiere. Culpamos a las muchas cosas que llenan los días, al mundo que va rápido. Y, sin embargo, Jesús no culpó al mundo, nos pidió que no nos dejásemos arrastrar, que velásemos en todo momento rezando (cfr. v. 36).

He aquí, será Navidad si, como José, daremos espacio al silencio; si, como María, diremos 'aquí estoy ' a Dios; si, como Jesús, estaremos cerca de los que están solos, si, como los pastores, dejaremos nuestros recintos para estar con Jesús. Será Navidad, si encontramos la luz en la pobre gruta de Belén. No será Navidad si buscamos el resplandor del mundo, si nos llenamos de regalos, comidas y cenas, pero no ayudamos al menos a un pobre, que se parece a Dios, porque en Navidad Dios vino pobre.

Queridos hermanos y hermanas, ¡os deseo una Feliz Navidad, una Navidad rica en las sorpresas de Jesús! Pueden parecer sorpresas incómodas, pero son los gustos de Dios. Si los hacemos nuestros, nos daremos a nosotros mismos una sorpresa maravillosa. Cada uno de nosotros tiene escondida en el corazón la capacidad de sorprenderse. Dejémonos sorprender por Jesús en esta Navidad."

 

Saludos dirigidos por Santo Padre en diversos idiomas.

Saludos en francés: "Me complace saludar a los peregrinos procedentes de Francia y los diversos países francófonos, especialmente a los jóvenes de Draguignan. Os deseo a todos una Feliz Navidad, llena de las sorpresas de Jesús. Con la ayuda de María y José, podemos recibirlas, y así hacer nuestros los gustos de Dios, dejándonos sorprender por ellos. ¡Dios os bendiga!"

Saludos en inglés: "Doy la bienvenida a los peregrinos de habla inglesa presentes en la audiencia de hoy, especialmente a los de Australia, Filipinas y los Estados Unidos de América. Dirijo un saludo especial a los peregrinos japoneses acompañados por el cardenal Thomas Manyo Maeda y a los jóvenes bailarines de Ucrania. En la inminencia de la Santa Navidad, invoco sobre todos vosotros y vuestras familias el gozo y la paz del Señor Jesús. ¡Dios os bendiga!"

Saludos en alemán: "Saludo cordialmente a los peregrinos de habla alemana, en particular al grupo de los Schützen tiroleses, venidos con su obispo, Mons. Hermann Glettler de Innsbruck. ¡Que el Espíritu Santo nos ayude a llevar la paz de la Navidad y el amor de Cristo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo!"

Saludos en portugués: "Queridos peregrinos de habla portuguesa, os saludo a todos con el deseo de una Santa Navidad, portadora de los consuelos y de las gracias del Niño Dios, para vosotros y vuestras familias. Y ciertamente lo será, si vuestra familia le pondrá, así como a su Ley, en el centro de la vida, convirtiéndose en una escuela de fe, oración, humanidad y verdadera alegría. Os bendigo de todo corazón y os deseo un Año Nuevo feliz y sereno."

Saludos en árabe: "Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de habla árabe, especialmente a los de Siria, Líbano y Oriente Medio. Para vivir la Navidad debemos transformar: con amor, nuestros corazones en un Belén; con la oración, nuestras casas en pesebre; y con el bien, nuestros caminos en oasis. Que el Niño Divino nos enseñe a mirar al cielo con sus ojos y a mirarle con el corazón de María y con el silencio orante de San José. ¡Que el Señor os bendiga y os proteja del maligno!"

Saludos en polaco: "Doy una cordial bienvenida a los peregrinos polacos. Queridos hermanos y hermanas, os deseo una feliz Navidad, llena de la paz, el amor y la serenidad que trae el Señor nacido entre nosotros. Vivir el misterio del Verbo Encarnado os ayude a comprender las sorpresas y los desafíos con los que Jesús nos llama a salir de los recintos de nuestras comodidades, para estar con Él y con aquellos a quienes ama. ¡Dios os bendiga!"

Saludos en italiano: "Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de habla italiana.

Me complace recibir a los grupos parroquiales, en particular a los de Collevecchio y Alvito y a los huéspedes de la Caritas de la Diócesis de Albano, acompañados por el obispo, Monseñor Marcello Semeraro.

Saludo a la Asociación Nacional de víctimas civiles de la guerra; al Grupo Scout de Jesolo y Ca 'Savio; al Equipo Nacional Italiano de Personas Amputadas; a la delegación de la Municipalidad de Bolsena; al Grupo de Deportes Paralímpicos de la Defensa y a las escuelas, en particular las de San Benedetto del Tronto y Bitonto.

Un pensamiento particular para los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados. El nacimiento del Señor Jesús es inminente. La fiesta que celebraremos de nuevo este año, en la Noche Santa de su Navidad, despierte en nosotros la ternura de Dios por toda la humanidad, cuando, en Jesús, no desdeñó asumir, sin ninguna reserva, nuestra naturaleza humana. Confiémonos a María y a José, para que nos enseñen a acoger un regalo tan grande: Emmanuel, Dios con nosotros."

 
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