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Reflexión del Santo Padre durante el rezo dominical de ángelus PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Domingo, 10 de Febrero de 2019 19:12

 

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10 de febrero de 2019, Roma: El Papa Francisco dirigió, como de costumbre, el rezo de la oración Mariana de Ángelus. Su predica se centro en el Evangelio del día referente al llamado de San Pedro (el pescador Simón) al discipulado. El Santo Padre subrayó que el mayor milagro de Dios para Pedro y aquellos que le acompañaban, no fue el milagro de la gran pesca, sino el llamado a anunciar el Reino de Dios.

Al concluir el rezo del Ángelus, el Papa Francisco recordó la memoria de Santa Josefina Bakhita, e invitó a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro a unirse en una plegaria dirigida a Dios a nombre de ésta extraordinaria seguidora de Cristo, para pedir por el cese de toda forma de esclavitud en el mundo. (Fuente: Vaticano y OPSS).

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

El Evangelio de hoy (cf. Lc 5, 1-11) narra, en el relato de Lucas, la llamada de San Pedro. Su nombre, lo sabemos, era Simón y era pescador. Jesús, en la orilla del lago de Galilea, lo ve mientras está arreglando las redes, junto con otros pescadores. Lo encuentra fatigado y decepcionado, porque esa noche no habían pescado nada. Y Jesús lo sorprende con un gesto inesperado: se sube a su barca y le pide que se aleje un poco de tierra porque quiere hablar a la gente desde allí, había mucha gente. Entonces Jesús se sienta en la barca de Simón y enseña a la multitud reunida a lo largo de la orilla. Pero sus palabras también reabren a la confianza el corazón de Simón. Entonces Jesús, con otro ‘gesto’ sorprendente, le dice: ‘Boga mar adentro y echad vuestras redes para pescar’ (v. 4).

Simón responde con una objeción: ‘Maestro, hemos estado bregando todo la noche y no hemos pescado nada ...’. Y, como experto pescador, podría haber agregado: ‘Si no hemos pescado por la noche, mucho menos vamos a pescar de día’. En cambio, inspirado por la presencia de Jesús e iluminado por su Palabra, dice: ‘...pero, en tu palabra, echaré las redes’ (v. 5). Es la respuesta de la fe, que nosotros también estamos llamados a dar; es la actitud de disponibilidad que el Señor pide a todos sus discípulos, sobre todo a aquellos que tienen tareas de responsabilidad en la Iglesia. Y la obediencia confiada de Pedro genera un resultado prodigioso: ‘Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces’ (v. 6).

Es una pesca milagrosa, un signo del poder de la palabra de Jesús: cuando nos ponemos con generosidad a su servicio, Él obra grandes cosas en nosotros. Así actúa con cada uno de nosotros: nos pide que lo acojamos en la barca de nuestra vida, para recomenzar con él a surcar un nuevo mar, que se revela cuajado de sorpresas. Su invitación a salir al mar abierto de la humanidad de nuestro tiempo, a ser testigos de la bondad y la misericordia, da un nuevo significado a nuestra existencia, que a menudo corre el riesgo de replegarse sobre sí misma. A veces, podemos sentirnos sorprendidos y titubeantes ante la llamada del Maestro Divino, y tentados a rechazarlo porque no nos sentimos a la altura. Incluso Pedro, después de aquella pesca increíble, le dijo a Jesús: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador’ (v. 8). Esta humilde oración es hermosa: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador’. Pero lo dijo de rodillas ante Aquel que ahora reconoce como ‘Señor’. Y Jesús lo alienta diciendo: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres’ (v. 10), porque Dios, si confiamos en Él, nos libra de nuestro pecado y nos abre un nuevo horizonte: colaborar en su misión.

El mayor milagro realizado por Jesús para Simón y los demás pescadores decepcionados y cansados, no es tanto la red llena de peces, como haberlos ayudado a no caer víctimas de la decepción y el desaliento ante las derrotas. Les abrió el horizonte de convertirse en anunciadores y testigos de su palabra y del reino de Dios. Y la respuesta de los discípulos fue rápida y total: ‘Llevaron a tierra las barcas y dejando todo lo siguieron’ (v. 11). ¡Qué la Santísima Virgen, modelo de pronta adhesión a la voluntad de Dios, nos ayude a sentir la fascinación de la llamada del Señor y nos haga disponibles a colaborar con él para difundir su palabra de salvación en todas partes!’

Palabras del Santo Padre después del rezo del Ángelus

‘Queridos hermanos y hermanas:

Hace dos días, en el memorial litúrgico de Santa Josefina Bakhita, se celebró la V Jornada mundial contra la trata de personas. El lema de este año es ‘Juntos contra la trata’ [aplausos en la Plaza] – ¡Otra vez! [vuelven a aplaudir] ¡’Juntos contra la trata’! No os olvidéis. Invita a aunar las fuerzas para vencer este reto. Doy las gracias a todos los que luchan en este frente, en particular a tantas religiosas. Lanzo, en especial, un llamamiento a los gobiernos para que enfrenten con decisión las causas de esta plaga y protejan a las víctimas. Pero todos podemos y debemos colaborar denunciando los casos de explotación y esclavitud de hombres, mujeres y niños. La oración es la fuerza que sostiene nuestro compromiso común. Por este motivo, ahora os invito a rezar conmigo la oración a Santa Josefina Bakhita que se ha distribuido en la Plaza. Recemos juntos.

‘Santa Josefina Bakhita, cuando eras una niña, te vendieron como esclava y tuviste que atravesar dificultades y sufrimientos indecibles.

Una vez liberada de tu esclavitud física, encontraste la verdadera redención en el encuentro con Cristo y su Iglesia.

Santa Josefina Bakhita, ayuda a todos aquellos que están atrapados en la esclavitud.

En su nombre, intercede ante el Dios de la misericordia, para que las cadenas de su cautiverio se rompan.

¡Qué Dios libere a todos aquellos que han sido amenazados, heridos o maltratados por la trata y el tráfico de seres humanos! Brinda alivio a quienes sobreviven a esta esclavitud y enséñales a ver a Jesús como modelo de fe y esperanza para que así puedan curar sus heridas.

Te rogamos que reces e intercedas por todos nosotros: para que no caigamos en la indiferencia, para que abramos los ojos y podamos ver la miseria y las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad y libertad y escuchar su grito de ayuda. Amén.

Santa Josefina Bakhita, ruega por nosotros.´

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos! En particular, a los fieles de Verona y al grupo Mendicanti di Sogni de Schio.

Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.’

 
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