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Recorrido hacia el Cielo: La urna con las cenizas del P. Rafael Villaurriutia Nava, visita sus lugares de apostolado. PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Miércoles, 23 de Octubre de 2019 16:15

20-21 de octubre de 2019, ciudad de Puebla: De la Ciudad de México, y de la Parroquia - Santuario de María Auxiliadora, donde se celebró el pasado domingo 20, una solemne Eucaristía con Motivo la pascua de Padre Rafael Villaurrutia Nava, -acaecida el pasado 19 de octubre en Casa Feria, Huipulco Tlapan-, el día lunes 20 del presente fue trasladada la urna con sus cenizas hasta Panzacola, Tlaxcala, de ahí fue transportada a la Ciudad de Puebla al Oratorio Francisco Mateo y de éste lugar a la Comunidad de María Auxiliadora de Puebla, para retornar a la Capital del País el Martes 21 de Octubre.

En la capilla de la Casa Salesiana de retiro ‘Villa Estela’ antiguo aspirantado, en el contexto del retiro espiritual de los hermanos de la comunidad de María Auxiliadora, donde además participaron hermanos de la Comunidad de Oratorios y la Comunidad de San Miguel Arcángel. Ahí recibieron las cenizas del Padre Rafael, para honrarle, se celebró una Misa por sus exequias y en reconocimiento por su labor en las diversas obras salesianas donde trabajó.

La Misa en Villa Estela fue presidida por el Padre Alberto Durán Cabrales, compañero de generación del P. Rafael, concelebraron los sacerdotes Jorge Ruiz Ochoa, Francisco Ángeles, Enrique Vázquez, Jesús de la Rosa, Miguel Huitzil C. y Hermenegildo Castillo Montenegro, además en la asamblea estaban el Coadjutor José Víctor López Cisneros y un joven Aspirante.

En la Homilía el Padre Durán resaltó cualidades del P. Rafael, subrayó que no era ambicioso, fue sencillo, y muy fiel, además afirmó que poseía un carácter firme y decidido, sin pretensiones ni búsqueda de ostentosidad, dedicado al estudio, a la catequesis, a promover a los niños, adolescentes y los jóvenes.

El P. Durán explicó que el P. Jesús de la Rosa era el socio o asistente de ellos cuando eran novicios, y que él podía confirmar que al P. Rafael le llamaban de forma afectuosa ‘Villín’. El P. Alberto destacó que el Rafael era un muchacho siempre amable y sencillo que no se preocupaba de sí mismo.

Comentó que si bien la familia del Padre Villaurrutia era de buena posición, nunca lo presumía. Explicó: ‘yo nunca lo vi con una ansiedad de poseer… de avaricia… lo vi siempre sencillo, humilde”. El Padre Alberto encomendó a, P. Rafael a Jesús, Don Bosco y María Auxiliadora.

Concluida la Misa y el retiro, el Padre Jorge Ruiz trasladó al Oratorio Francisco Mateos la Urna del P. Villaurrutia. A las tres y veintidós horas de la tarde, en una breve procesión se le rindió homenaje señalando dos de los lugares donde él solía presidir la santa Misa, cuando no había construcciones en el terreno del Oratorio.

Los jóvenes de aquel entonces, hoy adultos, madres y padres de familia, recordaban como el Padre Rafael había ayudado a los chicos y chicas del grupo juvenil, a mejorar, acercarse a Dios y a prosperar en la vida.

Después del rezo de santo Rosario por el descanso eterno del padre Rafael, inició a la santa Misa alrededor de las cinco y diecinueve p.m. Presidió el P. Jorge Ortiz, y concelebró el P. Marco Antonio Gutiérrez Loyola quien cuidó y convivió con el Padre Rafael en Casa Feria (CDMx).

El padre Jorge señaló en la homilía los muchos testimonios que había escuchado sobre el Padre Villaurrutia, y dio gracias a Dios por todo el bien que había hecho en las obras donde había trabajado, invitó a todos pensar en al menos una cualidad o virtud presente en el P. Rafael que pudieran proponerse asumir y vivir.

El Padre Gutiérrez dio testimonio de la gran paciencia del padre ante la enfermedad, habló de las múltiples dializaciones e intervenciones médicas que padeció el P. Rafael sin quejarse, siendo paciente con todos. Destacó como él siempre tenía en su corazón y memoria a las familias, jóvenes, niñas y niños del Oratorio Fc. Mateos, a quienes recordaba, y eran un motor para vivir su vida religiosa, pretexto para motivarle a cuidar su salud y alimentación.

Ambos salesianos concordaron en la gran formación y preparación catequética de Padre Rafael, y en cómo la obediencia de dejar el Oratorio fue un reto para su persona, por lo cual, fue mayor su ofrecimiento a Dios al dejar aquellos que había servido por tanto tiempo.

El Padre Marco Antonio dejó a la comunidad de Oratorianos el reto de orar y trabajar para que surgieran de ese lugar, vocaciones para la Iglesia ya fuera para a la vida consagrada y/o sacerdotal, en respuesta al con que Dios les había dado, en la persona siempre fiel, sencilla, coherente y de pastor del padre Villaurrutia.

Antes de ser trasladadas las cenizas del Padre a la Parroquia de María Auxiliadora con devoción todos los fieles de la asamblea despidieron con visible gratitud, y dieron a Dios gracias por la persona del Padre Villaurrutia.

A las 7:39 de la noche, la urna fue entregada por el Padre Jorge al Padre Hermenegildo Castillo Montenegro, actual párroco de María Auxiliadora. De inmediato inició la santa Misa con motivo de sus Exequias. Concelebró el Padre Juan de Dios Saúl Santiago Velasco, quien también fue –como el Padre Villaurrutia- Párroco del lugar.

En la homilía el Padre Saúl señaló que en el Padre Rafael cumplía lo que San Agustín póstula: quien conoce a Dios le ama, quien le aman no teme, confía, está con Él y con junto a Él permanecerá.

El P. Saúl comento como el P. Castillo y él, habían conocido en su juventud al Padre Rafael, siempre atento, sencillo, formal, de traje, solía dirigir algunas palabras de orientación a los niños. Resaltó que en aquellas etapas en que eran vivarachos y hacían sus primeras travesuras, el Padre “Villa” les corregía con amabilidad pero con firmeza, comprendiendo su etapa de desarrollo, como buen salesiano que era.

Además narró los momentos fraternos que vivieron en Nazareth, cuando la hermandad de los momentos de comida, de la vida cotidiana en común enriquece la relación: la pizza, el refresquito, el cuidado en la enfermedad les unió, pues el amor se de muestra en vida.

Expresó como la salud del Padre Rafael fue decayendo pero su fe no. Resaltó que dejar Nazareth, después de tres años de estancia, fue también difícil para el padre Rafael, mucha gente le apreciaba, buen confesor y consejero, exhortaba, predicaba para el bien de las almas. Aseguró que ya en cielo tenemos otro intercesor.

Visiblemente emocionado habló el padre Saúl sobre su vida comunitaria con el P. Rafael y el afecto mutuo que se tuvieron. Por su parte el Padre Castillo señaló el gran ejemplo y formación que como sacerdote distinguía al padre Villaurrutia, explicó que como párroco siempre privilegió la formación en la catequesis.

Ambos salesianos coincidieron en afirmar, que si el Padre Rafael explicaba que sí se desea un buen cristiano, se debía catequizar a los niños desde muy temprana edad, para garantizar la acción de Dios en su persona.

Las cenizas del padre permanecieron en Puebla hasta el martes 21, fecha en que retornaron a la Ciudad de México para reposar en la Cripta Salesiana en la Parroquia-Santuario de María Auxiliadora. Descanse en Paz el P. Rafael Villaurrutia Nava

 
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