Homilía del Santo Padre Francisco durante la celebración de la Vigilia Pascual en la Noche Santa de 3 de abril de 2021: “El Resucitado vive y el Resucitado gobierna la historia” PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Sábado, 03 de Abril de 2021 14:07

El Santo Padre Francisco ha presido la celebración de la Vigilia Pascual, en la Santa Noche Santa, la Noche de todas las Noches. A diferencia de otros años y debido a las medidas sanitarias que amerita la situación de contingencia sanitaria, la ceremonia y rito del  Fuego Nuevo, y la  procesión de la Luz del Mundo, Cristo representado en el Cirio Pascual, ha sido breve, mas se han proclamado prácticamente  todas las lecturas del rito Pascual. Se ha cantado el pregón pascual, hemos vuelto a escuchar el Gloria y una exultación a Dios Santo y Trino en suma  solemnes, que resonaron en la Basílica de San Pedro,  y en el  Altar de la Cátedra (Fuente: Vaticano  -traducción redacción del original en Italiano-).

 

Si bien ha  participado  una asamblea reducida de cerca de 200 personas, ha representado significativamente a la Iglesia, que ha seguido a través de los medios digitales la Misa Pascual. La Misa contó con un digno contexto eclesial,  conformados por   coros, fieles, diáconos, presbíteros, obispos, cardenales, religiosos y religiosas,  además representantes de los ritos orientales.

 

El Papa Francisco ha destacado tres anuncios para la Pascua 2021: 1) Siempre es posible volver a empezar, seguir nuevos caminos, vayamos como los discípulos a las nuevas Galileas, como Iglesia en camino a servir en especial a los más necesitados, a los desamparados y a los pobres.  2) la fe no es un repertorio del pasado, Jesús no es un personaje obsoleto, Él  está vivo, aquí y ahora, dejémonos asombrar por Él y 3) Jesús, el Resucitado, nos ama sin límites y se encuentra presente en  todas  las situaciones de nuestra vida. Él nos exhorta a sobrepasar las  barreras, a superar los prejuicios y a acercarnos quienes están junto a nosotros

Homilía del Santo Padre Francisco: Vigilia Pascual en la Noche Santa

"Las mujeres pensaron que encontrarían el cuerpo para ungirlo,  en cambio encontraron una tumba vacía. Habían ido a llorar a un difunto, en su lugar escucharon un anuncio de vida. Por eso, dice el Evangelio, aquellas mujeres ‘estaban llenas de temor y desconcertadas’ (Mc 16, 8), llenas de estupor, temerosas y llenas de desconcierto. Desconcierto: en este caso es un miedo mezclado con alegría, lo que sorprende sus corazones al ver la gran piedra del sepulcro removida y dentro  un joven con una túnica blanca.

Es la maravilla escuchar esas palabras: ‘¡No se asusten! Aquel al que buscan, Jesús de Nazaret, el crucificado ¡Ha resucitado!'(v. 6). Y después esa invitación: ‘Él va delante de ustedes a Galilea, allí lo verán’ (v. 7). Acojamos también nosotros esta invitación, la invitación de  Pascual: vayamos a Galilea, donde el Señor Resucitado nos precede. Pero, ¿qué significa ‘ir a Galilea’? Ir a Galilea significa, sobre todo,   empezar de nuevo. Para los discípulos significó retornar al lugar donde el Señor los buscó por primera vez y los llamó a seguirlo. Es el lugar del primer encuentro y el lugar del primer amor.


Desde aquel   momento, dejaron las redes, y siguieron a Jesús, escuchando su predicación y siendo testigos de los prodigios que realizaba. Sin embargo, aunque estaban siempre con él, no lo comprendieron del todo, muchas veces  malinterpretaron sus palabras y ante la cruz, escaparon, dejándolo solo. A pesar de este fracaso, el Señor Resucitado se presenta como Aquel que, una vez más, los precede en Galilea; los precede, es decir, va  delante de ellos. Él los llama y los invita a seguirlo sin cansarse nunca. El Resucitado les  diciendo a ellos: ‘Empecemos de nuevo por donde habíamos comenzado. Empecemos de nuevo. Les quiero de nuevo conmigo, a pesar y más allá de todos los fracasos‘. En esta Galilea experiméntanos  el asombro que produce del Amor Infinito del Señor, que traza senderos nuevos dentro de  los caminos de nuestras derrotas.

Es así  el Señor: traza senderos nuevos  dentro de los caminos de nuestras derrotas. Él es así, y  nos invita a ir Galilea para hacer esto.

Este es el primer anuncio de Pascua, que quisiera  ofrecerles: siempre es posible volver a empezar,  porque siempre existe  una nueva vida que Dios es capaz de reiniciar en nosotros,  más allá de todos nuestros fracasos. Incluso de los escombros de nuestro corazón – y cada uno de nosotros conoce, conoce las miserias  de nuestro corazón - incluso de los escombros de nuestro corazón Dios puede construir una obra de arte, incluso de los restos arruinados de nuestra humanidad, Dios prepara una nueva historia. Él nos precede siempre: en la cruz del sufrimiento, de la desolación y de la muerte, así como en la gloria de una vida que resurge, de una historia que cambia, de una esperanza que renace. Y en estos meses oscuros de pandemia oímos al Señor Resucitado que nos invita a empezar de nuevo, a no perder nunca la esperanza.

 

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Ir hacia Galilea, en segundo lugar, significa seguir nuevos caminos. Es moverse en la dirección opuesta al sepulcro. Las mujeres buscan a Jesús en la tumba, es decir, iban a hacer memoria de  lo que habían vivido  con Él y que ahora han perdido para siempre. Van a refugiarse  su tristeza. Es la imagen de una fe que se ha convertido en la conmemoración de un hecho hermoso pero consumado, sólo para  recordarlo.

Muchos - y  nosotros también nosotros-  viven la ‘fe de los recuerdos’, como si Jesús fuera un personaje del pasado, un amigo de la juventud ya lejano, un hecho ocurrido hace mucho tiempo, cuando de niño asistía  al catecismo. Una fe hecha de costumbres, de cosas del pasado, de hermosos recuerdos de la infancia, que ya no me conmueven,  que ya no me interpelan.

Ir a Galilea, en cambio, significa aprender que la fe, para que esté  viva, debe ponerse de nuevo en ‘camino’. Debe reavivar cada día el inicio de camino, debe reavivar cada día el   asombro del primer encuentro. Y después confiar, sin la presunción de saberlo ya  todo,  sino con la humildad de quien se deja sorprender por los caminos de Dios…

Tenemos nosotros miedo de las sorpresas de Dios; generalmente tenemos miedo  que Dios nos sorprenda. Y hoy el Señor nos invita a dejarnos sorprender. Vayamos  a Galilea para descubrir que Dios no se puede ser depositado  entre los recuerdos de la infancia sino que está vivo, siempre sorprende. Resucitado, no deja nunca de asombrarnos.

Luego  el segundo anuncio de Pascua: la fe no es un repertorio del pasado, Jesús no es un personaje obsoleto, Él está vivo, aquí y ahora. Camina contigo cada  día, en la situación que te toca  vivir, en la prueba que estás atravesando, en los sueños que llevas dentro Él abre nuevos caminos donde sientes  que no los hay, te impulsa a ir contra la corriente, con respecto al remordimiento   y lo ‘ya visto’. Aunque    todo te parezca perdido, por favor, déjate alcanzar con asombro por su novedad: ¡te sorprenderá!

Ir a Galilea   significa, además, ir a los confines: Porque Galilea es el lugar más  lejano: en esa región compleja y variopinta, donde viven los más alejados de la pureza ritual de Jerusalén. Sin embargo, es desde ahí que Jesús comenzó su misión, dirigiendo su anuncio a los que bregan por   la vida  de cada día,   dirigiendo su anuncio a los excluidos, a los frágiles, a los pobres, para ser rostro y presencia de Dios, que busca incansablemente a quien está  desanimado o perdido. Que se desplaza a los límites de la existencia porque a sus ojos nadie es último, nadie está excluido.

El Resucitado es ahí donde pide a sus seguidores ir, también  hoy nos pide ir allá,    a esa ‘Galilea’ Real. Es el lugar de la vida cotidiana, son las calles que recorremos cada día, son los rincones de nuestras ciudades donde el Señor nos precede y se hace presente, precisamente en la vida de los que  pasan  a nuestro lado y comparte con nosotros y   el tiempo, el hogar,  el trabajo, las dificultades  y las esperanzas.

En Galilea aprendemos que podemos encontrar a Cristo Resucitado en el rostro de nuestros hermanos, en el entusiasmo de los que sueñan y en la resignación de los desanimados, en las sonrisas de los que se alegran, en las lágrimas de los que sufren. Sobre todo en los pobres y en los marginados. Nos asombraremos de cómo la grandeza de Dios se revela en la pequeñez, de cómo su belleza brilla en los sencillos y en los pobres.

He aquí, ahora, el tercer anuncio de la Pascual: Jesús, el Resucitado, nos ama sin límites y visita todas   las situaciones de nuestra vida. Él ha establecido  su presencia en el corazón del mundo y nos invita, también  a nosotros, a sobrepasar las  barreras, a superar los prejuicios, a acercarnos quienes están junto a nosotros, cada   para redescubrir la gracia de la  cotidianidad. Reconozcámoslo presente en nuestras Galileas, en la   vida de todos los días. Con Él, la vida cambiará. Porque más allá de toda derrota, maldad y violencia, más allá de todo sufrimiento y más allá de la muerte, el Resucitado vive y el Resucitado gobierna la historia.

Hermana, hermano, si en esta noche llevas en tu corazón una hora oscura, un día que aún no ha amanecido, una luz sepultada, un sueño destrozado, ve, abre tu corazón con asombro ante el anuncio de la Pascua: No tengas miedo  ‘¡ Ha Resucitado! Te espera en Galilea ‘. Tus expectativas no quedarán sin cumplirse, tus lágrimas serán enjugadas, tus miedos serán vencidos por la esperanza. Porque, sabes, el Señor te precede, camina siempre delante de ti, y  con Él  siempre la  vida recomienza –comienza de nuevo-".

 
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