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Se llevó a cabo el 3er Consistorio durante el pontificado de Benedicto XVI PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Martes, 23 de Noviembre de 2010 23:49

20-22 de Noviembre de 2010-Vaticano: se llevó a cabo el 3er Consistorio durante el pontificado de Benedicto xVI en la Basílica de San Pedro en cuya celebración del sábado 20 fueron constituidos 24 cardenales por Benedicto XVI entre ellos el hoy cardenal Angelo Amato SDB , el Santo Padre ha presidido esta solemne ceremonia. Después del nombramiento por parte de Papa, el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, Mons. Angelo Amato SDB, agradeció la confianza de Benedicto XVI y dijo que es un “honor” poder trabajar, con el Papa, al servicio de los demás. Mons Angelo Amato SDB dirigiéndose al Papa expresó: “Queremos confirmarle nuestros sentimientos de afecto, devoción, confianza y fidelidad. Somos conscientes de que pertenecer al Colegio Cardenalicio nos compromete a estar a su lado en el desarrollo de su Ministerio Apostólico”.

Mons. Angelo Amato SDB, dirigió algunas palabras al Santo Padre

Benedicto XVI les instó a vivir la autoridad en la Iglesia, no como "poder" sino como "servicio"

En su  Homilía del Santo Padre Benedicto XVI les ha dicho que su papel de Cardenales “No se trata de la lógica del dominio, del poder según los criterios humanos, sino la lógica de arrodillarse para lavar los pies, la lógica del servicio, la lógica de la Cruz que es la base de todo el ejercicio de autoridad”. “En la Iglesia ninguno es un jefe, sino que todos son llamados, todos son enviados, todos son ayudados y guiados por la gracia divina”. Así se realizó la Asignación de Títulos y las Diaconías a los nuevos cardenales y se les colocó el birrete, el primero en recibirlo fue Angelo Amato y el último Domenico Bartolucci, antiguo Maestro de la Capilla Musical Pontificia, 'Capilla Sixtina, el Papa explicaba  a cada uno que el  color rojo del birrete significa estar dispuesto a derramar su sangre ( “usque ad effusionem sanguinis") por la fe, la paz, la libertad y la extensión de la Iglesia. Durante la ceremonia, los nuevos cardenales han hecho el juramento de fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Concluyeron realizando un signo de paz entre ellos y el Sumo Pontífice.

El 21 de noviembre se llevó a cabo una Misa Concelebrada por los nuevos cardenales y donde  el S.S.  Benedicto XVI les  hizo entrega del anillo cardenalicio sello de su pacto nupcial con la Iglesia, en esos anillos está representada la imagen de la crucifixión. El Papa les dijo les dijo durante la Solemnidad de Cristo Rey del Universo con la que termina el año litúrgico: Dios “nos llama para estar con Jesús, como María, y no pedirle que baje de la cruz, sino permanecer con Él”... "Nuestro primer servicio, es el servicio de la fe, creer que Jesús es Dios, que es el Rey justamente porque llegó hasta ahí, porque nos amó hasta el extremo”... "También mi ministerio, queridos hermanos, y en consecuencia también el de ustedes, esta completamente constituido en la fe. Jesús puede construir su Iglesia 'en' nosotros cuando encuentra en nosotros esa fe verdadera, Pascual, aquella fe que no quiere hacer descender a Jesús de la cruz, sino que se confía a Él, en la cruz"...

"Nuestro ministerio es difícil  porque no está de acuerdo con el modo de pensar de los hombres. Actuar de acuerdo a la lógica de la Cruz nunca es fácil, ni es reconocido, en esto debemos estar fundamentados y convencidos, y lo estamos porque no nos une una idea, una estrategia, sino el amor de Cristo y su Santo Espíritu”.

El Papa posteriormente realizó el rezo del Ángelus donde expresó “Jesús, desde el trono de la cruz, acoge a cada hombre con infinita  misericordia”... “es en la cruz que Jesús está a la altura de Dios, que es amor. Allí se lo puede conocer. Jesús nos da la vida porque nos da a Dios. Nos la puede dar porque Él mismo es uno mismo con Dios.

Después del Ángelus, realizó la oración auspiciada por los obispos de Italia por "los cristianos que sufren persecuciones o discriminaciones, particularmente en Irak " expresó estar cercano a estos fieles que sufren en su testimonio de fe.

El Papa pidió por los Cristianos perseguidos por su fe

El día 22 el Papá dirigió un discurso a los nuevos cardenales acompañados de sus familiares y amigos en donde les indicó: "Del amor de Cristo nació la Iglesia y la autoridad significa seguir a Jesús y por lo tanto ponerse a disposición y al servicio de los hermanos....  En la iglesia nadie es el dueño sino que todos están llamados, todos son enviados, todos son tocados y guiados por la gracia divina. Sólo volviendo a Jesús que nos dice ‘ven y sígueme’ es posible entender la presencia y la misión en la Iglesia como auténticos apóstoles. Y los cardenales deben ser auténticos apóstoles"

El Colegio Cardenalicio ha quedado constituido por 203 miembros, 121 de los cuales son electores.

 

He aquí los nombres de los nuevos cardenales

1. Monseñor Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las causas de los santos.

2. Su Beatitud Antonios Naguib, patriarca de Alejandría de los coptos (Egipto).

3. Monseñor Robert Sarah, presidente del Consejo pontificio «Cor unum».

4. Monseñor Francesco Monterisi, arcipreste de la basílica papal de San Pablo Extramuros.

5. Monseñor Fortunato Baldelli, penitenciario mayor.

6. Monseñor Raymond Leo Burke, prefecto del Tribunal supremo de la Signatura apostólica.

7. Monseñor Kurt Koch, presidente del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos.

8. Monseñor Paolo Sardi, vicecamarlengo de santa Iglesia romana.

9. Monseñor Mauro Piacenza, prefecto de la Congregación para el clero.

10. Monseñor Velasio De Paolis, C.S., presidente de la Prefectura para los asuntos económicos de la Santa Sede.

11. Monseñor Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo pontificio para la cultura.

12. Monseñor Medardo Joseph Mazombwe, arzobispo emérito de Lusaka (Zambia).

13. Monseñor Raúl Eduardo Vela Chiriboga, arzobispo emérito de Quito (Ecuador).

14. Monseñor Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa (República democrática del Congo).

15. Monseñor Paolo Romeo, arzobispo de Palermo (Italia).

16. Monseñor Donald William Wuerl, arzobispo de Washington (Estados Unidos).

17. Monseñor Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida (Brasil).

18. Monseñor Kazimierz Nycz, arzobispo de Varsovia (Polonia).

19. Monseñor Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don, arzobispo de Colombo (Sri Lanka).

20. Monseñor Reinhard Marx, arzobispo de Munich y Freising (Alemania).

 

Además, se le elevó a dignidad cardenalicia a dos prelados y dos clérigos, que se han distinguido por su generosidad y entrega al servicio de la Iglesia. Son:

 

1. Monseñor José Manuel Estepa Llaurens, arzobispo Ordinario militar emérito (España).

2. Monseñor Elio Sgreccia, ex presidente de la Academia pontificia para la vida (Italia).

3. Monseñor Walter Brandmüller, ex presidente del Comité pontificio de ciencias históricas (Alemania).

4. Monseñor Domenico Bartolucci, ex maestro director de la Capilla musical pontificia (Italia).

 

En este hecho se  refleja la universalidad de la Iglesia, pues provienen de varias partes del mundo 15 de ellos provienen de Europa, cuatro de África, dos de Estados Unidos, dos de América Latina y uno de Asia. Cuatro de ellos tienen más de 80 años y por lo tanto no podrían participar en un eventual cónclave.Ellos desempeñan diferentes tareas al servicio de la Santa Sede o en contacto directo con el pueblo de Dios como padres y pastores de Iglesias particulares.El Papá ha pedido qie se ore por ellos y pidió  la intercesión especial de la santísima Madre de Dios, a fin de que desempeñen con fruto su ministerio en la Iglesia.

Estas son sus edades

Cardenales menores de 80 años

Mons. Reinhard Marx:                    57 años.

Mons. Kazimier Nycz:                     60 años.

Mons. Kurt Koch:                           60 años.

Mons. Raymond Leo Burke:            62 años.

Mons. Albert Malcolm Ranjith:         63 años.

Mons. Robert Sarah:                      65 años.

Mons. Mauro Piacenza:                  66 años.

Mons. Gianfranco Ravasi:  68 años.

Mons. Donald William Wuerl:          70 años.

Mons. Laurent Monsengwo P.:         71 años.

Mons. Paolo Romeo:                     72 años.

Mons. Angelo Amato SDB:              72 años.

Mons. Raymundo Damasceno A.:    73 años.

Mons. Velasio De Paolis:                75 años.

Mons. Antonio Naguib,:                  75 años.

Mons. Fortunato Baldelli:                75 años.

Mons. Francesco Monterisi:             76 años.

Mons. Raúl Eduardo Vela :             76 años.

Mons. Paolo Sardi:                        76 años.

Mons. Medardo Joseph Mazombwe: 79 años.

Mayores de 80 años

Mons. Walter Brandmüller:              81 años.

Mons. Elio Sgreccia:                        82 años.

Mons. José Manuel Estepa L.:          84 años.

Mons. Domenico Bartolucci:             93 años.

 

 

Esta es la homilía de Benedicto XVI del día sábado 20:

"Señores Cardenales, venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, queridos hermanos y hermanas:

El Señor me da la alegría de realizar, una vez más, este solemne acto, mediante el cual el Colegio Cardenalicio se enriquece con nuevos Miembros, elegidos desde las diversas partes del mundo: se trata de Pastores que gobiernan con celo importantes Comunidades diocesanas, de Prelados superiores en los Dicasterios de la Curia Romana, o que han servido con ejemplar fidelidad a la Iglesia y a la Santa Sede.

Desde hoy, ellos pasan a formar parte de aquel coetus peculiaris, que colabora de manera inmediata y asidua al Sucesor de Pedro, sosteniéndolo en el ejercicio de su ministerio universal. A ellos, ante todo, dirijo mi saludo afectuoso, renovando la expresión de mi estima y mi vivo aprecio por el testimonio que dan a la Iglesia y al mundo. En particular, saludo al Arzobispo Angelo Amato y le agradezco por las gentiles expresiones que me ha dirigido. Extiendo, luego, mi cordial bienvenida a las Delegaciones oficiales de varios países, a las representaciones de numerosas diócesis, y a todos los que estáis aquí reunidos para participar en este evento, durante el cual estos venerados y queridos hermanos reciben el signo de la dignidad cardenalicia con la Imposición del birrete y la asignación del Título de una iglesia de Roma.

El vínculo de especial comunión y afecto, que une a estos nuevos cardenales con el Papa, les hace singulares y preciosos colaboradores del mandato confiado por Cristo a Pedro, de pastorear a sus ovejas (Cf. Jn 21, 15 – 17), para reunir a los pueblos con la solicitud de la caridad de Cristo. Precisamente de este amor es que ha nacido la Iglesia, llamada a vivir y a caminar según el mandamiento del Señor, en el que se resumen toda la ley y los profetas. Estar unidos a Cristo en la fe y en comunión con Él significa estar “arraigados y cimentados en la caridad” (Ef 3, 17), el tejido que une todos los miembros del cuerpo de Cristo

La palabra de Dios proclamada nos ayuda a meditar precisamente sobre este aspecto tan fundamental. En el pasaje del Evangelio (Mc. 10, 32-45) se pone ante nuestros ojos el icono de Jesús como el Mesías – preanunciado por Isaías (cf. Is 53) – que no ha venido a ser servido sino a servir: su estilo de vida se propone como la base de las nuevas relaciones en la comunidad cristiana y como un nuevo modo de ejercer la autoridad. Jesús está en camino hacia Jerusalén y preanuncia por tercera vez, indicándolo a sus discípulos, el camino a través del cual quiere realizar la obra confiada por el Padre: es el camino del humilde don de sí mismo hasta el sacrificio de la vida, el camino de la Pasión, el camino de la Cruz.

Y sin embargo, también después de este anuncio, como ocurrió para los precedentes, los discípulos revelan toda su dificultad para comprender, para realizar el necesario “éxodo” de una mentalidad mundana a la mentalidad de Dios. En este caso, son los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, que piden a Jesús sentarse en los primeros puestos junto a Él en la “gloria”, manifestando expectativas y proyectos de grandeza, de autoridad, de honor según el mundo. Jesús, que conoce el corazón del hombre, no se turba por este pedido sino que enseguida ilumina el alcance profundo: “vosotros no sabéis lo que pedís”; luego guía a los hermanos a comprender qué implica seguirlo.

¿Cuál es, entonces, el camino que debe recorrer quien quiere ser discípulo? Es el camino del Maestro, es el camino de la total obediencia a Dios. Por eso Jesús pregunta a Santiago y a Juan: ¿estáis dispuestos a compartir mi opción de realizar hasta el final la voluntad del Padre? ¿Estáis dispuestos a recorrer este camino que pasa por la humillación, el sufrimiento y la muerte por amor? Los dos discípulos, con su respuesta segura, “podemos”, muestran, una vez más, no haber entendido el sentido real de lo que les promete el Maestro. Y de nuevo, Jesús, con paciencia, les hace dar un paso más: ni siquiera experimentar el cáliz del sufrimiento y el bautismo de la muerte les da derecho a los primeros puestos porque estos son “para aquellos para los cuales han sido preparados”, está en las manos del Padre celestial; el hombre no debe calcular, debe simplemente abandonarse en Dios, sin pretensiones, conformándose a su voluntad.

La indignación de los otros discípulos se convierte en ocasión para ampliar la enseñanza a toda la comunidad. En primer lugar, Jesús “los llamó”: es el gesto de la vocación originaria, a la cual los invita a volver. Es muy significativo este referirse al momento constitutivo de la vocación de los Doce, al “estar con Jesús” para ser enviados, porque recuerda con claridad que todo ministerio eclesial es siempre respuesta a una llamada de Dios, no es nunca fruto de un proyecto propio o de una ambición propia, sino que es conformar la propia voluntad a la del Padre que está en los Cielos, como Cristo en Getsemaní (cfr. Lc. 22, 42). En la Iglesia nadie es patrón, sino que todos somos llamados, todos somos invitados, todos somos alcanzados y guiados por la gracia divina. ¡Y ésta es también nuestra seguridad! Sólo volviendo a escuchar la palabra de Jesús, que dice “ven y sígueme”, sólo volviendo a la vocación originaria, es posible entender la propia presencia y la propia misión en la Iglesia como auténticos discípulos.

El pedido de Santiago y Juan y la indignación de los “otros diez” Apóstoles hacen surgir una cuestión central a la que Jesús quiere responder: ¿quién es grande, quién es el primero? En primer lugar, la mirada va al comportamiento que corren el riesgo de asumir “aquellos que son considerados gobernantes de las naciones”: “dominar y oprimir”. Jesús indica a los discípulos un modo completamente diverso: “Entre vosotros, no debe suceder así”. Su comunidad sigue otra regla, otra lógica, otro modelo: “quien quiera ser grande, que se haga vuestro servidor, y quien quiera ser el primero, que se haga servidor de todos”.

El criterio de la grandeza y del primado según Dios no es el dominio sino el servicio; la diaconía es la ley fundamental del discípulo y de la comunidad cristiana, y nos deja entrever algo del “señorío de Dios”. Y Jesús indica también el punto de referencia: el Hijo del hombre, que ha venido a servir; sintetiza toda su misión bajo la categoría del servicio, entendido no en sentido genérico sino en el sentido concreto de la Cruz, del don total de la vida como “rescate”, como redención para muchos, y lo indica como condición de su seguimiento. Es un mensaje que vale para los Apóstoles y vale para toda la Iglesia, vale sobre todo para quienes tienen la tarea de guía en el Pueblo de Dios. No es la lógica del dominio, del poder según los criterios humanos, sino la lógica de arrodillarse para lavar los pies, la lógica del servicio, la lógica de la Cruz que es la base de todo ejercicio de la autoridad. En todo tiempo la Iglesia está comprometida en conformarse a esta lógica y en testimoniarla para hacer transparentar el verdadero “señorío de Dios”, el del amor.

Venerados Hermanos elegidos para la dignidad cardenalicia, la misión a la que Dios os llama hoy y que los habilita para un servicio eclesial aún más cargado de responsabilidad, requiere una voluntad siempre mayor de asumir el estilo del Hijo de Dios, que ha venido en medio de nosotros como el que sirve (cf. Lc 22, 25 – 27). Se trata de seguirlo en su donación de amor humilde y total a la Iglesia, su esposa, en la Cruz: es sobre aquél signo de la cruz que el grano, dejado caer por el Padre sobre el campo del mundo, muere para convertirse en fruto maduro. Por esto es necesario un arraigamiento todavía más profundo y firme en Cristo. La relación íntima con Él, que transforma cada vez más la vida de modo que se pueda decir con san Pablo “no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20), constituye la exigencia primaria para que nuestro servicio sea sereno y alegre y pueda dar el fruto que espera el Señor de nosotros.

Queridos hermanos y hermanas, que hoy rodeáis a los nuevos Cardenales: ¡rezad por ellos! Mañana, en esta misma Basílica, durante la concelebración en la solemnidad de Cristo, Rey del Universo, les entregaré el anillo. Será una ulterior ocasión en la cual “alabar al Señor, que permanece siempre fiel” (Sal 145), como hemos repetido en el Salmo responsorial. Su Espíritu sostenga a los nuevos purpurados en el compromiso de servir a la Iglesia, siguiendo al Cristo de la Cruz también, si es necesario, usque ad effusionem sanguinis, estando siempre prontos – como decía san Pedro en la lectura proclamada – para dar razón de la esperanza que está en nosotros (cf. 1Pe 3, 15). A María, Madre de la Iglesia, confío a los nuevos Cardenales y su servicio eclesial a fin de que, con ardor apostólico, puedan proclamar a todas las naciones el amor misericordioso de Dios.

Fuentes (Vatican, CTV,RR,CNet)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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