El Santo Padre Francisco presidió el Vía Crucis de Viernes Santo Imprimir
Escrito por En Familia MEM   
Viernes, 19 de Abril de 2019 23:41

 

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19 de abril de 2019,Viernes Santo, Roma: El Papa Francisco presidió en el Coliseo el Vía Crucis, con motivo de Triduo Pascual. Durante las diversas estaciones se dio lectura a las meditaciones y oraciones propuestas este año, las cuales fueron encargadas y confiandas por el Santo padre a Sor Eugenia Bonetti, misionera de la Consolata y presidenta de la Asociación 'Slaves no more' (‘Esclavos no más’). La temática  central   ha sido  el enorme sufrimiento que  causa a muchísimos seres humanos,  el terrible y criminal  fenómeno de la trata personas,  abuso que induce a la persistencia del mal de la esclavitud en todo el mundo. (Fuentes: Vaticano y OPSS).

Para concluir el Vía Crucis, el Santo Padre rezó la siguiente oración, escrita  por él mismo.

Oración del Santo Padre

Señor Jesús, ayúdanos a ver en tu Cruz todas las cruces del mundo:

la cruz de las personas hambrientas de pan y de amor,

la cruz de las personas solas y abandonadas incluso por sus propios hijos y parientes,

la cruz de los pueblos sedientos de justicia y paz,

la cruz de las personas que no tienen el consuelo de la fe,

la cruz de los ancianos que se arrastran bajo el peso de los años y de la soledad,

la cruz de los migrantes que encuentran puertas cerradas por miedo y corazones blindados por cálculos políticos,

la cruz de los pequeños, heridos en su inocencia y en su pureza,

la cruz de la humanidad que vaga en la oscuridad de la incertidumbre y en la oscuridad de la cultura de lo momentáneo,

la cruz de las familias rotas por la traición, por las seducciones del maligno o por la ligereza homicida y el egoísmo,

la cruz de los consagrados que buscan incansablemente llevar tu luz al mundo y se sienten rechazados, burlados y humillados,

la cruz de los consagrados que, por el camino, han olvidado su primer amor,

la cruz de tus hijos que, creyendo en ti y tratando de vivir de acuerdo con tu palabra, se encuentran marginados y descartados incluso por sus familiares y sus coetáneos,

la cruz de nuestras debilidades, de nuestras hipocresías, de nuestras traiciones, de nuestros pecados y de nuestras numerosas promesas rotas,

la cruz de tu Iglesia que, fiel a tu Evangelio, lucha por llevar tu amor incluso a los mismos bautizados,

la cruz de la Iglesia, tu esposa, que se siente continuamente atacada desde dentro y desde fuera,

la cruz de nuestra casa común que se marchita ante nuestros ojos egoístas y ciegos por la codicia y el poder.

Señor Jesús, reaviva en nosotros la esperanza de la resurrección y de tu victoria definitiva contra todo mal y toda muerte. Amén.